'Intoxicaciones De Guindos' pone en marcha el segundo asalto a Repsol

Pelea en el PP por ocupar el puesto más am­bi­cio­nado de la pri­mera le­gis­la­tura

guindos
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La bomba in­for­ma­tiva es­taba pre­pa­rada como suelen ha­cerse estas cosas en el grupo de Pedro Jota, aunque en esta ope­ra­ción el vir­tual di­rector en fun­ciones de El Mundo apenas haya te­nido nada que ver. Nada de avisos y menos aún, con an­ti­cipos al pre­go­nero. Contrariamente a lo ha­bi­tual, el pdf de la por­tada se colgó hacia las ocho de la mañana en la web del pe­rió­dico y se ig­noró en Orbyt, la pla­ta­forma on line del grupo Unidad Editorial, ma­yo­ri­ta­ria­mente par­ti­ci­pado por ca­pital ita­liano. La edi­ción en papel de Expansión in­cluso ya es­taba en los quioscos pero el riesgo era cal­cu­lado: hoy por hoy, nadie se mo­lesta en acudir a ellos, y menos con un i-pad en las ma­nos. Se tra­taba de ase­gu­rar, re­cién co­men­zado el curso, la sor­presa total del lan­za­miento del se­gundo asalto a la pre­si­dencia de Repsol desde la lle­gada de Mariano Rajoy a la Moncloa, asalto re­tra­sado en casi nueve meses por culpa de la ar­gen­tina Cristina Fernández de Kirchner. Cumplido el ob­je­tivo ini­cial, lo que ahora ha­bría que de­ter­minar es si que­dará en una ma­niobra fa­llida más, aunque se­guro que no será la de­fi­ni­tiva. Pero lo más lla­ma­tivo de la in­for­ma­ción: la no­ti­cia, sin firma ni autor iden­ti­fi­ca­ble, iba den­tro, casi es­con­dida.

"Para que no se enfríe", que diría uno de los muchos maestros del periodismo que he conocido. El asunto no era baladí, aunque revelador para identificar el autor intelectual de la información. "Caixabank quiere adquirir el Banco Popular", apuntaba. Cierta o no, la referencia a la consolidación bancaria en curso era el mejor indicio de por dónde venían los tiros. Obviamente el origen no estaba en 'la Caixa' ni en su muy eficiente departamento de Comunicación. Des de allí jamás se hubiese puesto en evidencia una operación de mucho más calado como sería la fusión de la primera entidad financeira del país con la cuarta por un objetivo táctico, a menos que aquella ya se hubiese desechado. La cosa parecía más bien tener otro origen, como podría ser el departamento que algunos conocen ya como "Intoxicaciones De Guindos", ese ministro encantado de haberse conocido que da de cenar los sábados a periodistas y editores, en lugar de dedicarse a rescatar este atribulado país.

El punto de mira, en cualquier caso, está en la silla de Antonio Brufau, presidente de Repsol durante los ocho largos años del mandato Zapatero. Sería de ingenuos pensar que, al margen de la labor desarrollada al frente de una empresa que no la recibió en condicones óptimas hace ocho años, el Partido Popular -y sobre todo, José María Aznar- aplazase mucho más tiempo la revancha del justificado cese de Alfonso Cortina, al que se le envió a una filial bien remunerada después de una cena y bajo el amago de enseñale unos cuantos papeles apresurados pero potencialmente comprometedores. Con Cortina se había hecho lo mismo que con Óscar Fanjul, en 1996, que fue catapulcado a la Fundación desde la Moncloa de Aznar. Pero, como en otros muchos avatares de la vida, la memoria suele ser flaca aunque no lo sea tanto la macillada. Incluso antes de ganar los comicios electorales del 20 de noviembre de 2011, en el entorno empresarial del Partido Popular ya se había diseñado el asalto a Repsol, con todo el entorno más interesado de Mariano Rajoy desgranando la presa. Pero nadie contó con la argentina Cristina Fernández de Kirchner, que al estatificar YPF -como les gusta decir a los argentinos- le echó un capote al, para los más ambiciosos del PP, incómodo Brufau.

Vaya por delante, o en el medio como prefieran, que al margen de la buena gestión o errores subsanables que haya podido evitar Brufau al frente del ex conglomerado Repsol-YPF, la intervención de la ex filial austral por Kirchner estaba decidida de antemano. Basta darse una vuelta por Argentina, antes y después de ilegalidad de Estado cometida por la señora presidenta, para darse cuenta que la reversión de YPF al grupito del desmadre de turno de la Casa Rosada, era cuestión de tiempo. Incluso no se descartaba -y así estaba previsto- en el cuaderno de compra de YPF aceptado por Alfonso Cortina, realizada por imposición del propio Aznar y resistida durante algunos meses por Fanjul. Brufau, bien o mal, con distancia o sin ella, se limitó a administrar lo inevitable y bien hizo si, en el tiempo que duró la aventura argentina, consiguió al menos pagar el fondo de comercio incurrido y el que podría quedar pendiente en caso de extrema nacionalización.

Es probable que el ilustre auditor de Lérida sí recuperara lo suficiente de lo invertido (casi 13.000 millones de euros de entonces) pero con lo que nadie contaba era que las redescubiertas reservas de Vacas Muertas, las arenas bituminosas conocidas casi desde que Colón cruzara el Atlántico por vez primera hace cinco siglos, se revalorizaran varias miles de veces por el cambio del escenario del mercado mundial de crudo y el creciente desarrollo de la tecnología para convertirlas a alto precio en crudo. En eso, Brufau tiene razón. La apuesta española por YPF en momentos de penuria de Argentina merece su consecuente gratificación (al menos el precio del dinero empleado) y bien haría Repsol, ya sin YPF, defender sus derechos hasta el final. O negociar con ellos. Especialmente cuando la penuria está ahora en este lado del Atlántico (aunque también allí, desde luego, especialmente en Argentina, dada la desastrosa gestión política de la señora presidenta y de sus acólitos más próximos).

Cristina de Kirchner vendrá a España en breve, o al menos eso se ha dicho. Acudirá a la próxima Cumbre Iberoamericana en Cádiz y alguien ha tenido que negociar previamente, no cabe duda, su visita. Con el conflicto de YPF ante los Tribunales norteamericanos y con quejas de la UE por la particular manera de entender el comercio mundial por parte de la peronista (?), a nadie se le puede ocurrir que el asunto Repsol pueda quedar fuera de la agenda. De entrada, Brufau será presentado como el malo de la película porque alguien tiene que asumir el coste de un despropósito como el patrocinado por la actual administración argentina. Pero el presidente de Repsol ha dejado alguna víctima más en el camino, que quizá se ha sumado entusiasticamente a la pelea. Aunque éstas nunca pasarán de ser, en el mejor de los casos, una anécdota.

El problema de la sucesión de Brufau -si es que tiene que ser reemplazado, lo que no está nada claro habida cuenta del consejo aparentemente contralado que tiene detrás- está en Génova, el Ministerio de Economía que dirige De Guindos y, obviamente, el entorno de Moncloa. Por el orden que deseen. Lo de Expansión del lunes supone una urgente reapertura de las hostilidades previstas, abortadas a primeros de año gracias al exabrupto de la señora Kirchner. De hecho, los candidatos a sucesor ya afilan sus cuchillos barajando nombres a su libre albedrío. Pero para tener una visión clara de lo que pueda ocurrir habrá que tener en cuenta lo que digan sus accionistas, especialmente el primero, Caixabank. Y ésta es una presa que, al margen de personalismos, es demasido importante para cederla, sobre todo cuando puede encontrarse en pública subasta en cualquier momento, por aquello de que su cotización es excesivamente baja para lo que Repsol realmente vale.

No olviden, por tanto, a los manipuladores del mercado y a los múltiples cazadores de gangas. Sean comunitarios -como Total, ENI y hasta los mismos alemanes, dentro de la inminente operación de rescate financiero o total- o hasta los rusos y los chinos. ¿Dejará escapar 'la Caixa' y su presidente Isidre Fainé ese diamante en bruto? Mucho me temo que no, al menos sin antes plantar batalla.

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