EL MONITOR DEL DÍA

Coyuntura: Inflación, un fenómeno monetario

La ten­dencia ba­jista re­ciente de la oferta mo­­­ne­taria no in­vita al op­ti­mismo

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Tal y como dijo Milton Friedman una vez: «La in­fla­ción es siempre y en cual­quier lugar un fe­nó­meno mo­ne­ta­rio». Analicemos, pues, bajo este prisma, la evo­lu­ción re­ciente de la in­fla­ción y los po­si­bles riesgos de que esta per­ma­nezca de forma sos­te­nida en ni­veles de­ma­siado ba­jos. Según la teoría cuan­ti­ta­tiva del di­nero, los pre­cios va­rían pro­por­cio­nal­mente con la oferta mo­ne­ta­ria. Esta re­la­ción se sus­tenta con la iden­tidad de que el valor de las tran­sac­ciones que se llevan a cabo en una eco­nomía es igual a la can­tidad de di­nero exis­tente en esa eco­nomía mul­ti­pli­cado por las veces que ese di­nero cambia de manos (lo que lla­mamos la ve­lo­cidad de cir­cu­la­ción del di­ne­ro). Con base en el su­puesto de que la ve­lo­cidad del di­nero es re­la­ti­va­mente cons­tante, un cre­ci­miento de la oferta mo­ne­taria en línea con un cre­ci­miento de la ac­ti­vidad eco­nó­mica im­plica es­­­ta­bi­lidad de pre­cios. Por el con­tra­rio, si la oferta mo­ne­taria crece más rá­pi­da­mente que la ac­ti­vidad eco­nó­mica, esto ge­nera pre­siones al alza en los pre­cios, es de­cir, in­fla­ción.

En el primer gráfico observamos la evolución histórica para la eurozona de la variación de la oferta monetaria (M3) no respaldada por el crecimiento económico (la diferencia entre el crecimiento de la oferta monetaria y del PIB) y la inflación subyacente. Como se advierte, parece existir cierta relación positiva entre ambas variables a largo plazo. La correlación contemporánea se encuentra ligeramente por encima del 60%. Sin embargo, a corto plazo, y de forma transitoria, la relación entre ambas variables pue­­­de debilitarse si otros factores entran en juego. La ve­­­lo­­cidad del dinero, por ejemplo, suele fluctuar a lo largo del ciclo económico. En momentos de elevada incertidumbre en los que las preferencias por el ahorro y la liquidez pueden aumentar súbitamente, la velocidad del dinero se reduce y la oferta monetaria puede aumentar sin que ello se traduzca a corto plazo en un aumento de los precios.

En el contexto actual, con una tasa de inflación que se en­­cuentra en niveles relativamente bajos y en el que, de mo­­mento, las señales de que inicie una senda alcista son más bien escasas, la tendencia bajista reciente de la oferta mo­­netaria no invita al optimismo.

Parte del descenso que está experimentando la tasa de crecimiento de la oferta monetaria es resultado de un me­­nor exceso de liquidez en el sistema. A medida que la reac­­­­tivación económica se ha ido afianzando en los últimos trimestres, las entidades financieras han reducido las holgadas posiciones de liquidez que acumularon en los momentos más álgidos de la crisis con motivo de precaución. La rápida caída del exceso de liquidez también se debe a la caída de las reservas bancarias. Los bancos aceleraron el ritmo de devoluciones de los préstamos LTRO para hacer frente al Asset Quality Review que llevará a cabo el BCE este año. De hecho, la rápida bajada de la liquidez llegó a generar algunos repuntes del EONIA a finales de diciembre de 2013. El BCE, por tanto, debe mantenerse muy alerta y volver a actuar si la situación actual se enquista. Una tasa de inflación demasiado baja dificulta el proceso de desapalancamiento y la posibilidad de que los países periféricos sigan ganando competitividad a través de la contención de precios y salarios.

 

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