Aunque siga con ca­li­fi­ca­ción de ba­sura la deuda lusa vuelve con éxito al mer­cado

Portugal anunciará en los próximos días una 'salida limpia' del plan de rescate comunitario

El país con­me­mora el 40 aniver­sario del "25 de Abril" con la in­mi­nente sa­lida de la su­per­vi­sión de la "troika"

40 aniversario del "25 de Abril"
40 aniversario del "25 de Abril"

Lo que casi nadie creía po­sible en Portugal hace un par de meses está a punto de con­ver­tirse en reali­dad. Antes del pró­ximo 5 de mayo, cuando está pre­vista una reunión del Eurogrupo, el primer mi­nistro luso Passos Coelho anun­ciará al país el final de la "tutela" que la "troika" FMI/BCE/UE venia ejer­ciendo desde el 2011 sobre la ac­ti­vidad na­cional (política, so­cial, la­boral y fi­nan­ciera) en el ám­bito del plan de res­cate de 78.000 mi­llones de eu­ros. Lo mismo que Irlanda, Portugal no ne­ce­si­tará ne­go­ciar ningún plan cau­telar adi­cio­nal. Cubiertas sus ne­ce­si­dades de fi­nan­cia­ción de la deuda so­be­rana hasta final del pró­ximo año, Portugal podrá ne­go­ciar una "salida lim­pia" del plan de res­cate. Buena prueba de ello fue la reac­ción de los mer­ca­dos, hace es­casos días, a la pri­mera emi­sión de deuda lusa a 10 años rea­li­zada desde 2011 sin ningún tipo de pa­ra­guas. El tipo de in­terés se situó en el 3,592%, el nivel más bajo al­can­zado por la deuda lusa desde el 2006. Además la de­manda su­peró en tres veces y media la oferta de 750 mi­llones de eu­ros.

El "milagro" cosechado por la coalición de centro derecha (PSD y CDS/PP), tanto por méritos propios (la dura política de austeridad aplicada los tres últimos años, principalmente a los funcionarios, a los pensionistas y a los trabajadores en general) como por la nueva situación de los mercados (exceso de liquidez), no podía caer en un momento más oportuno. El final de la tutela de la "troika" coincide con las conmemoraciones del 40º aniversario de la "revolución de los claveles" (25 abril de 1974) que puso fin a casi medio siglo de dictadura. Así, pese al severo retroceso económico y social sufrido durante los últimos tiempos, principalmente desde 2011, por la crisis y por la aplicación de remedios aun más dolorosos que los exigidos por la "troika", queda todavía en el país mucho de aquel "espirito de Abril", y con un balance muy positivo.

Al margen de las divergencias políticas nadie pone hoy en duda la principal "conquista revolucionaria": aunque son mayoría los portugueses que no habían nacido o eran unos niños cuando los "jóvenes capitanes de Abril" sacaron los tanques a la calle para poner fin a medio siglo de dictadura, prácticamente sin tener que disparar contra nadie, queda la certificación unánime de que Portugal tiene hoy una democracia consolidada. En dos generaciones, el país y la sociedad han cambiando profundamente, y generalmente para mejor, tanto en lo social (educación, salud, desarrollo humano) como en lo económico. De hecho, aunque muchos portugueses manifiestan ahora un ostensible desencanto por la política, no creen en la justicia, denuncian la corrupción y el incremento de la criminalidad, el "espirito de Abril" sigue todavía bien vivo. 

Un "espirito" que amplios sectores sociales y la izquierda en general intentan recuperar, para volverlo contra las "políticas anti-sociales" del gobierno PSD-CDS. De ahí la importancia que tiene para Passos Coelho una "salida limpia" del plan de rescate, pero que solo fue posible por todo el empeño que puso en la política de austeridad, más allá de lo exigido por la "troika", y que se tradujo en brutales aumentos de impuestos y en drásticos recortes del gasto público en inversiones, en salarios y pensiones de los funcionarios, en despidos de profesores, en cierres de centros de salud y un largo etcétera.  "Lo peor ya pasó", promete el Gobierno, pero que aún tiene otros recortes de gasto social en la recámara, por unos 1.500 millones de euros este año y el próximo, con el objetivo de rebajar el déficit publico al 2,5% del PIB exigido por la UE. 

Ocultación

Lo que Passos Coelho no dice es que sin el cambio registrado los últimos meses en el mercado de la deuda, todo apuntaba hacia la negociación de un segundo plan de rescate, aunque fuera "cautelar". El factor clave, según los expertos, fue la firmeza con que el presidente del BCE, Mario Draghi, se posicionó en contra de la especulación, asumiendo claramente la defensa de euro. Buena prueba de ello fue que también el caso de Grecia, con una deuda aun de consideración más "basura" que la lusa, que pudo colocar este mes 3.000 millones de euros en los mercados, pagando menos del 5% de interés, por títulos a 5 años que tuvieron una demanda casi siete veces superior a la oferta.

En todo o caso, la "salida" limpia del plan de rescate que Passos Coelho anunciará al país antes de la próxima reunión del Eurogrupo, no significa que Portugal quede totalmente libre de la "tutela" de los acreedores internacionales. Y aun menos que el problema de la deuda quede resuelto. De hecho, la "troika" aun no dio por terminada la última de las 12 inspecciones a las que  Portugal tuvo que someterse desde 2011, y sobre todo, el FMI ya anunció que hasta por lo menos el 2021 mantendrá un ritmo de dos inspecciones anuales de las finanzas lusas. O sea, Portugal solo quedará libre de la supervisión del FMI, por ejemplo, cuando termine de devolver los 21.900 millones de euros que la institución presidida por Christine Lagarde puso sobre la mesa, en el ámbito del rescate de 78.000 millones compartido con el BCE y la UE.

Deuda sostenible

Además, aunque siga considerando la deuda lusa como "sostenible", el FMI no garantiza a los inversores que no puedan tener alguna mala sorpresa. Son muchos los economistas y los políticos lusos, de distintas ideologías, que defienden la necesidad si no de una quita por  lo menos de una "renegociación" de la parte de la deuda que supera el 60% del PIB, o sea hasta 70 puntos porcentuales, ya que el nivel actual de la deuda casi alcanza los 130% del PIB. El FMI prevé que en el mejor de los escenarios el "ratio" de la deuda bajará al 113,8%, allá por el 2019, pero no dice nada sobre lo que Portugal podría hacer los próximos 10 u 20 años para rebajarla al 60% del PIB, que es lo que exige la UE. De hecho, pese a la "salida limpia" del plan de rescate, las agencias de "rating" mantendrán probablemente la calificación de "basura" atribuida a la deuda soberana lusa, aunque ahora bajo una perspectiva "positiva" en vez de "negativa".

Otro dato clave es el grado de "incertidumbre" en relación con la estabilidad política interna portuguesa, ante la perspectiva anunciada por los sondeos de un cambio de mayoría en las legislativas de 2015. Y aunque no fuera el caso, queda también por saber cómo terminará el pulso entre el gobierno y el Tribunal Constitucional, que puso su veto a importantes medidas de austeridad anti-sociales que Passos Coelho considera imprescindibles para recortar el gasto público y para rebajar el déficit al 2,5% del PIB en 2015. Pero la mayor incertidumbre, quizás, sigue enfocada en los mercados, ahora tan sedientos de deuda pública rebajada al nivel de "basura" pero que la rechazaban cuando estaba a niveles más sostenibles. El gran peligro, advierten los expertos, es que los mercados cambien drásticamente de posición cuando descubran que la "defensa total" del euro pregonada por el BCE puede ser equivoca.

 

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