EL DESCALABRO NACIONAL

Bruselas y Jacques Brel

Es pre­ciso ol­vidar para que no nos la metan los nues­tros

Bruselas
Bruselas

Bruselas, ac­tual ca­pital de la Unión Europea, y, en ge­ne­ral, toda Bélgica y los Países Bajos, cons­ti­tuyen un re­cuerdo amargo para España, a pesar de los grandes triunfos que allí con­si­guieron los fa­mosos y bravos Tercios de Flandes con Carlos V, su hijo Felipe II, su nieto Felipe III y su bis­nieto Felipe IV, la casa de Austria en pleno.

Esas guerras imperialistas fueron nefastas para la economía española y se “comieron” la mayor parte de las remesas de oro que nos llegaban de América, además de dejar exhausto al pueblo con impuestos exorbitados. Seguramente es una de las épocas más olvidables para la sociedad española y uno de los grandes errores de los Austria, que malgastaron inútilmente el tesoro en pro de la oligofrenia de esos monarcas y de su obcecamiento por convertirse en los garantes de la Cristiandad, en especial de la Iglesia Católica y del Sacro Imperio Romano Germánico.

Ahora las cosas no tienen nada que ver con aquellos triunfalismos. De hecho, en Bruselas están las principales instituciones de la UE y ya se ha olvidado aquello de “poner una pica en Flandes”, que, al margen de otras connotaciones, lo que significó de verdad fue la ruina de nuestro país, de la cual no nos hemos recuperado todavía. La crisis empezó allí.

“Es preciso olvidar”, como canta el gran cantautor belga Jacques Brel en su mundial tema Ne que quitte pas, (“No me dejes”), una de las canciones más interpretada en el siglo XX. Se conocen al menos 150 versiones, entre ellas las de Sinatra, Nina Simone, Yves Montad, Marlene Dietrich, Nana Mouskouri, David Bowie, Gilbert Bécaud, Ray Charles, Iggy Pop, Sting o Madonna. Con permiso de Beethoven y del Himno a la Alegría, esa canción bien podría ser el himno oficioso de la Comunidad Europea.

Ya está bien de que, en la actualidad, ciertos espíritus cavernícolas y patrioteros echen a Bruselas toda la culpa de nuestros males. El verdadero control del Gobierno español no se realiza desde el Parlamento de la Carrera de San Jerónimo, sino desde el Parlamento Europeo, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. En estos momentos, la única regeneración de España parte de Bruselas y de las instituciones allí radicadas, cosa que no están dispuestos a admitir los euroescépticos y los pasotas.

Por cierto, para nadie es un secreto que nuestros representantes en las instituciones europeas suelen ser políticos de segunda fila que pintan muy poco en la vida nacional. Ser eurodiputado significa un premio para los tenaces de los partidos y una invitación más o menos fina a que se aparten de la política nacional. Por eso las elecciones europeas están aquí descafeinadas y los votantes muestran ante ellas total dejadez porque no saben darlas importancia. Eso es culpa fundamentalmente de los partidos.

En fin, habrá que olvidar. “Il faut oublier”, señor Brel. Pero no demasiado. Si olvidamos demasiado nos la vuelven a meter doblada los nuestros.

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