GEOESTRATEGIA

LIBIA

El Estado Islámico expulsado de Sirte

Mientras otro con­flicto ar­mado se ex­tiende al Este del país

Libia
Libia

Los acon­te­ci­mientos se atro­pe­llan en Libia: se pro­duce un avance en una cam­paña, por ejem­plo, la que ha con­cluido con la toma de Sirte a las fuerzas del lla­mado Estado Islámico, y sigue de in­me­diato la ne­ce­sidad de otra cam­paña contra un tipo de fuerzas to­tal­mente dis­tinto. Las bri­gadas Bunyan Marsous, ori­gi­na­rias de la ciudad de Misrata, que to­maron Sirte, pro­ceden ahora contra las fuerzas del go­bierno irre­gular ins­ta­lado en la ciudad oriental de Bengasi.

En disputa: cuatro puertos petroleros que habían caído en septiembre en poder de las brigadas comandadas por el general Jalifa Hafter, caída que permitió que esos puntos de exportación petrolífera volvieran a funcionar después de años de inactividad por los conflictos armados.

Bunyan Marsous alega que sus milicias han sufrido, en su lucha contra el EI, 4.000 bajas mortales.

La conflictividad política y sus derivadas armadas complican enormemente la lucha contra la criminalidad común, que explota el negocio del transporte de emigrantes ilegales al sur de Europa. También los secuestros de personas son una industria. Este miércoles fueron secuestrados en la parte sur-occidental del país dos ciudadanos italianos y uno canadiense.

El caos en Libia sigue amenazando la seguridad de la Europa del sur, especialmente Italia. Hasta noviembre habían llegado a las costas italianas a través de las rutas libias 171.000 inmigrantes o refugiados, la mayoría procedentes del África Subsahariana, más que en todo el año 2015. La política de control de fronteras de la Unión Europea descansa, en esta parte del Mediterráneo, sobre el esfuerzo italiano, sin que ese problema de migración masiva, con su potencial desestabilizador – como se comprobó el pasado año con la llegada de más de un millón de refugiados sirios y de otros orígenes a Europa – alcance el status ‘oficial’ de amenaza a la seguridad europea.

Italia tiene comprometidas sus fuerzas armadas en 28 misiones internacionales, en 19 países, con el empleo de 6.750 soldados. Italia ha llevado a cabo en este año misiones de fuerzas especiales en el interior de Libia contra el EI

Aunque la contención del EI cuenta con el apoyo aéreo de los estados Unidos, Reino Unido, Italia, etc., el problema no ha sido elevado a la categoría de amenaza al continente o a uno de sus miembros, con lo que la OTAN no se siente legalmente apelada para confrontar este problema. No existe un plan integrado de seguridad concerniente a Libia, más allá de los intentos multilaterales de control de la inmigración ilegal, y la eliminación del Estado Islámico.

La ONU, alarmada por el caos, y Europa a esperar lo que venga

Sin embargo, la situación puede empeorar rápidamente. Lo acaba de advertir el enviado de las Naciones Unidas para Libia, Martin Kobler, quien logró hace casi un año el Acuerdo de Concordia Nacional entre las principales fuerzas políticas del Este y del Oeste, y que permitió formar en Trípoli el Gobierno de Acuerdo Nacional, que aún no ha sido reconocido por el gobierno separatista de Bengasi. Kobler, hablando en el consejo de seguridad de las Naciones Unidas, advirtió el pasado día 6 que el acuerdo “no está escrito en piedra”, y “no cumple las expectativas… Su aplicación se ha parado”. El secretario general, Ban Ki Moon, remarcó que la ‘ventana de oportunidad’ creada por el acuerdo se está cerrando rápidamente.

La única fuerza militar medianamente profesional opera en la parte oriental del país, y se halla bajo el mando del general Jalifa Haftar, que se guía según sus propios cálculos. Haftar se formó en el ejército de Gadafi pero se refugió después de los Estados Unidos. El general, sin embargo, ha debido acudir a Moscú en solicitud de armamentos, con la promesa de dedicarlo a combatir el EI. Sus relaciones con el gobierno de Bengasi son ambiguas, pues es celoso de su propia independencia y se cuida de contar con una diplomacia militar propia, que le permite recibir ayuda del régimen egipcio. Sus esfuerzos han estado principalmente dirigidos a recuperar la capacidad exportadora de petróleo, que ha pasado en pocos meses de algo más de 300.000 b/d, a unos 600.000 b/d.

Moscú no dará armas a Haftar, pero el ministro ruso de exteriores, Sergei Lavrov, ha pedido que el general sea parte de la solución política para el país. Se atribuye a Haftar la pretensión de ser el próximo ministro de Defensa de un gobierno unificado de Libia.

Existe una conexión con potencial desestabilizador para Europa, entre el caos libio y la emigración masiva a través del Mediterráneo. Aunque Libia ha servido en estos años como espacio de acogida o fuente de trabajo para emigrantes y refugiados subsaharianos, perseguidos en sus países por la pobreza, o por Boko haram y otras fuerzas terroristas, su presencia en Libia ha contribuido al empeoramiento de su situación, quedando sujetos en muchos casos a la extorsión, la explotación laboral, incluso la esclavitud, con lo que esas personas se ven incentivadas a intentar el salto a Europa.

Cuándo se producirá una conjunción de todos esos factores de modo que se produzca otra crisis masiva de refugiados es cuestión difícil de predecir, pero sin duda todos los datos indican que la crisis (o ‘las crisis’) de Libia seguirá proyectándose durante mucho tiempo sobre las costas de Europa, en detrimento de la integridad de sus fronteras y con riesgo de extensión a su interior de las amenazas terroristas. .

Artículos relacionados