Podrá con­trolar el 25% de la banca por­tu­guesa frente al 15% del Santander Totta

CaixaBank se hará con el Novo Banco luso tras controlar el BPI

Surgido de las ce­nizas del BES, Novo Banco será ven­dido por un precio sim­bó­lico

Novo Banco
Novo Banco

CaixaBank tiene ya ga­ran­ti­zado el con­trol ab­so­luto del Banco Portugués de Investimento (BPI) y podrá ha­cerse igual­mente con el Novo Banco (NB), for­mado en 2014 con los ac­tivos sanos del Banco Espirito Santo (BES), si el Gobierno por­tu­gués cumple sus planes para ofrecer a un precio sim­bó­lico la que fuera pri­mera en­tidad ban­caria pri­vada del país. La re­es­truc­tu­ra­ción del sis­tema fi­nan­ciero luso entra en la recta fi­nal. La en­tidad ca­ta­lana puede des­plazar así en el ran­king al Banco Santander Totta, que con­trola el 15% del mer­cado, hasta to­ta­lizar un 25%, la misma cuota que la pú­blica Caixa Geral.

Es cierto que, en la primera fase, quedan todavía algunas cuestiones por dilucidar, principalmente en relación con la estrategia de la empresaria angoleña Isabel dos Santos, que aún no ha dicho si piensa quedarse como accionista en el BPI o realizar una sabrosa plusvalía de 66 millones vendiendo su 18,5%, lo que parece más probable.

Lo que está en juego, en defnitiva, es la cuota del 25% de la banca portuguesa, que representa la suma del 10% del BPI y del 15% del NB, con que CaixaBank se pondría como líder del sector, al mismo nivel que el banco público Caixa Geral dos Depósitos (CGD), y frente al “share” del 20% que tiene en Banco Comercial Portugués (BCP) y al 15% del SantanderTotta.

La mano española

El hecho de que 40% del sector quede en manos del capital español, podrá ser impopular y asustar a los empresarios, por aquello de que el “centro de decisión sobre una parte importante de la financiación de la economía nacional quedaría en España, pero no preocupa las autoridades lusas y menos aún Bruselas.

Buena prueba de ello, es que el gobierno minoritario socialista dirigido por Antonio Costa, con el apoyo de la izquierda radical (PCP, BE, Verdes), hizo lo necesario para despejar el camino a la OPA de CaixaBank por el 100% del BPI, cambiando por decreto las reglas estatutarias sobre la limitación de los derechos de voto.

Además, decidió aplazar la venta de NB, para la cual el Banco de Portugal (BdP) tenía puesto de plazo el mes de agosto: la oferta del BPI es la que reúne más apoyos, no solo en el gobierno socialista y en el BdP, sino también en el Banco Central Europeo (BCE), con que hubo que adaptar la venta del NB al calendario de la OPA de CaixaBank sobre el BPI.

Bajo precio

El precio del NB no supondrá ningún problema para CaixaBank: con los 1.370 millones recaudados tras la venta de 9,9% de acciones propias, tendrá más que suficiente para financiar la OPA de 900 millones sobre el 54,5% del BPI que aún no controla, y también la adquisición eventual de NB, que será vendido por un precio simbólico, muy alejado de los 4.900 millones invertidos hace dos años por el Fondo de Resolución (FR), de los cuales 3.900 millones han sido “prestados” por el Estado.

Es que el NB no es ninguna perita dulce: en los dos años, los que lleva bajo la tutela del BdP, cambió dos veces de presidente, y pese a las medidas de reestructuración y de saneamiento tomadas por el BdP, el NB sigue sumando pérdidas, que en 2015 alcanzaran los 980 millones de euros.

Activos tóxicos

Además, nadie sabe a ciencia carta hasta dónde puede llegar el coste de los activos tóxicos y de múltiples pleitos judiciales heredados del antiguo BES, y cuya responsabilidad futura no está del todo aclarada. Sin embargo, al NB no le faltan novios: además del BPI, también están el Banco Comercial Portugués (BCP) y los fondos de “private equity” Apollo Management y Loan Star, que según los analistas salen como “perdedores”.

BdP y BCE solo contemplan estudiar propuestas presentadas por instituciones bancarias, y prefieren ostensiblemente a un BPI controlado por una institución tan sólida como CaixaBank frente a un BCP que, pese a tener un “share” nacional del 20% sigue acumulando pérdidas, aún debe al Estado 750 millones de euros en “Cocos”, cotiza a mínimos históricos, y negocia actualmente la venta de hasta un 30% de su capital al chino Fosum.

Reestructuración

Lo que está en juego no es solo garantizar el futuro del NB poniéndolo en manos de BPI/CaixaBank. De lo que se trata también, para las autoridades portuguesas y europeas, es dar la vuelta al sistema financiero, para que pueda volver a ser el motor de la economía nacional.

De hecho, el conjunto de la banca lusa, cuya reestructuración sigue pendiente o va mucho más lenta de lo necesario, lleva tiempo funcionando como una devoradora insaciable los limitados recursos públicos: además de los 3.900 millones prestados al Fondo de Resolución para financiar el NB creado con las cenizas del BES y cuya recuperación solo se vislumbra al largo de varias décadas, el Estado lleva invertidos más de 3.000 millones en el BPN (privatizado en 2012) y otros 2.600 en Banif, que fue adquirido por Santander.

Mal el sector público

Y no pasa solo con la banca privada, sino igualmente con Caixa Geral de Depósitos (CGD), todavía controlada al 100% por el Estado, y que está pendiente de recibir otra ayuda de 5.600 millones. Ya autorizada por Bruselas, esta ayuda pública queda condicionada a una profunda reestructuración, que supondrá para CGD, el cierre de la mayor parte de sus 500 oficinas en el exterior (la red en España será prácticamente liquidada) y unas 2.500 prejubilaciones.

Todo ello bajo el férreo control del BCE, que también intervino en la composición del consejo de CGD, vetando el nombramiento de 8 de los 19 miembros, principalmente por carecer de la experiencia financiera necesaria. En los medios socialistas, llego a plantearse una privatización parcial de CGD, pero los aliados comunistas, que defendían por su lado una fusión con el NB, pusieran el grito en cielo, impidiendo la operación.

En todo o caso, lo último que CaixaBank podrá esperar en Portugal, tras hacerse con el control absoluto del BPI y también eventualmente con el NB, será un mar de rosas: la economía lusa no acaba de despejar; el segmento empresarial sigue muy endeudado; nadie cree que el gobierno socialista llegue a alcanzar los objetivos de reducción de déficit y de deuda fijados por Bruselas; la prima de riesgo supera los 300 puntos (200 más que en España); el país paga 3,2% de interés por las emisiones de deuda a 10 años (casi el triplo de España); etc.

Y pasados solos dos años desde la salida de la “troika” FMI/BCE/UE, ya se habla de un eventual segundo rescate –el primero fue de 78.000 millones, de los cuales casi 10.000 millones han sido aplicados en la banca, que por lo general sigue muy vulnerable, con unos 20.000 millones de crédito moroso (10% del total), para el cual Lisboa estudia la creación de un banco malo, siguiendo el ejemplo de Irlanda y de España.

En la parte más positiva para CaixaBank, respecto a sus expectativas en Portugal, sea solo con el BPI o también con el NB, cuya venta está prevista para final de año (para cuando esté concluida la OPA catalana), queda la buena imagen que la banca española tiene hoy en el país vecino.

Y buena parte de culpa la tiene el SantanderTotta, que en todos estos años de crisis fue la excepción a la regla en el sector financiero: fue el único banco del país que no sufrió perdidas, ni tuvo que pedir ayudas públicas, justificando así la alta credibilidad que tiene ahora ante una opinión pública que por lo general es poco sensible a los intereses españoles.

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