CONSEJO EUROPEO DE ESTONIA

Dos importantes novedades que Rajoy se perderá

El plan de Macron para re­formar Europa y el pro­bable go­bierno alemán con los li­be­rales

Es una pena que la crisis plan­teada por los na­cio­na­listas ca­ta­lanes haya pri­vado al go­bierno es­pañol (y a los es­paño­les) de la opor­tu­nidad de ha­cerse pre­sen­tes, con el pre­si­dente Rajoy en per­sona, en el Consejo Europeo de Estonia, de este jue­ves. Su au­sencia ser­virá quizás para que los in­de­pen­den­tistas se re­go­deen con la idea de que, en cierto modo, tienen al go­bierno co­gido por el cue­llo, por lo menos hasta que la jus­ticia les ponga en su si­tio. Para ellos - y por lo menos hasta el 2 de oc­tubre -, el grito de com­bate es: ‘Quanto pe­glio me­glio…’

Al Consejo de Estonia se llega cuando se acaban de producir dos novedades de última hora, ambas de gran trascendencia europea: el discurso del presidente francés Enmanuel Macron para relanzar la Unión Europea, y la salida del gobierno alemán de Wolfgang Schäuble, el poderoso ministro de Hacienda de la canciller Merkel, lo que posiblemente facilitará la entrada de los liberal-demócratas (FDP) en la coalición de gobierno, necesaria como resultado de las no resolutivas elecciones generales del domingo pasado.

Si la canciller acuerda que el FDP entre en el gobierno, algunas de las propuestas de Macron serían recibidas con escepticismo por el nuevo gabinete. En general, ese escepticismo se extenderá a las entusiastas propuestas de Macron para intensificar la integración europea mediante la creación de instituciones supranacionales.

Merkel, no obstante, se encargó de hacer llegar a Macron su apoyo y simpatía por medio de su portavoz, quien dijo que “la canciller se alegra del hecho de que el presidente francés haya hablado con tanto ardor, con una pasión europea tan notable, y que lo haya hecho con mucho contenido para un debate esencial sobre el futuro de Europa”. Pero añadió: “es demasiado pronto para su completa evaluación”.

La salida de Schäuble – que seguirá ejerciendo una enorme influencia, pues ocupará la presidencia del Bundestag – da al FDP mayor latitud para negociar su entrada en el gobierno. Los liberales pueden compartir con Merkel su visión del euro como una moneda que debe mantener su fortaleza mediante el rigor de las políticas fiscales nacionales, pero no aceptarán ni subidas de impuestos, ni mayor contribución alemana a programas europeos comunes, y exigirán rigurosas condiciones de austeridad financiera para los países que siguen recibiendo alguna forma de apoyo del Banco Central Europeo. Su entrada en el gobierno, previsiblemente, avivará las tensiones Norte-Sur y le pondrá las cosas más difíciles a Grecia, y quizás también a Italia, España y Portugal.

Uno de los puntos que Macron expuso para su política de los próximos cinco años es directamente opuesto a los planteamientos de los liberales alemanes: el presupuesto de la zona euro, que estaría dirigido por un ministro de Hacienda supranacional. Todo ello requeriría la creación de nuevos impuestos, e implicaría a Alemania en la reestructuración fiscal de los países participantes, una tarea en la que no quieren ver a Alemania metida, bajo el control de Bruselas. Aparte de que el actual presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, no es particularmente entusiasta de la idea. Esos puntos han sido declarados por el líder del FDP, Christian Lindner “línea roja” para su partido.

La idea de Macron, de un nuevo tratado del Elíseo, que confirme a Alemania y Francia como líderes de Europa puede ser percibido por los liberales alemanes como una complicación institucional más en torno al euro, ya que quieren un mercado europeo más libre de trabas para las iniciativas empresariales y las inversiones, en un marco de fuerte competencia comercial e industrial.

No es previsible tampoco que los liberales alemanes simpaticen con los esfuerzos hechos por el presidente francés, para lograr restricciones a la llegada a Francia de trabajadores extranjeros por cuenta de contratistas foráneos. Este proteccionismo a favor del puesto de trabajo para los franceses no casa con la filosofía liberal-demócrata. Todo parece sugerir que la Europa del euro y de la Unión se está configurando bajo nuevas presiones y cambios, sin que haya sido posible que el Consejo escuchase la opinión del gobierno español. Recibido el mensaje, Puigdemont.

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