Monitor del Seguro

Gran parte de la úl­tima re­gu­la­ción nace en res­puesta a los pro­blemas ban­ca­rios

Castigo al seguro por los ‘pecados’ de la banca

El sector re­cibe solo 14 re­cla­ma­ciones por cada 100.000 pro­blemas aten­didos

Quejas y reclamaciones
Quejas y reclamaciones

El sector ase­gu­rador no se corta. Responsables de en­ti­dades con­cretas o re­pre­sen­tantes de la in­dus­tria no tienen re­paros en res­pon­sa­bi­lizar al sector ban­ca­rio, no ya solo de la mala imagen ge­ne­ra­li­zada del sis­tema fi­nan­ciero en su con­junto, sino tam­bién de ser el res­pon­sable de gran parte de la mucha re­gu­la­ción que se está im­pul­sando y ul­ti­mando en Europa y en el ám­bito do­més­tico di­ri­gida a pro­teger al con­su­mi­dor.

Vaya por delante que en la industria aseguradora nadie pone en duda la necesidad de proteger a los clientes y de fomentar la transparencia.

Pero una cosa es eso, y otra la proliferación de obligaciones (sobre todo las relacionadas con la información precontractual) que, además de complicar la vida a las compañías, en muchos casos se va a traducir en que el cliente va a tener que enfrentarse a información duplicada, contradictoria, confusa; y, sobre todo, a mucha, lo que no siempre es bueno: “Más información, no siempre es eficaz”, lo decía recientemente Carlos Esquivias, responsable de Vida y Pensiones de Unespa.

Esta fue la conclusión de su intervención en una jornada sobre la Mifid II organizada por Adicae. Y el comienzo fue este: “Toda esta regulación se ha generado como respuesta a los problemas que se han producido en el sistema financiero con los consumidores. Pero estos problemas no se han producido en todos los sectores de la industria con la misma intensidad.

El sector asegurador no ha generado grandes escándalos en lo que se refiere a la venta de productos. Y tampoco ha requerido ni un solo euro de los contribuyentes para su recapitalización”. Más claro imposible. Pero por si había alguna duda ahí va un dato: por cada 100.000 problemas atendidos por el seguro solo se recibieron el año pasado 14 reclamaciones.

¿A qué regulación nos referimos? Por empezar por algún lado, hablamos, por ejemplo, de la Directiva sobre Distribución de Productos (IDD), que se tiene que trasponer al ordenamiento español y cuyo borrador de proyecto de ley está actualmente en fase de discusión. En esta regulación, en lo que atañe a las prácticas de venta, se establecen obligaciones muy similares, y en algunos casos idénticas, a las contenidas en la Mifid II de la banca.

El consejero delegado de Reale, Ignacio Mariscal, señaló recientemente en el Foro de Economía y Finanzas Forinvest que hay una serie de exigencias al sector asegurador en la IDD que por si mismas no se hubieran incluido: en la norma “somos herederos de la banca”.

O dicho de otra manera, “cuestiones de la IDD se incluyen a consecuencia de las malas prácticas de la banca, no del seguro”, como explicaba en el mismo evento Joan Miquel Vicente, de la comisión Internacional del Consejo General de los Colegios de Mediadores de Seguros.

Además de la IDD, que tiene que entrar en vigor en febrero de 2018, en enero del próximo año se estrenará un reglamento europeo que incluirá la obligación de entregar al cliente un Documento de Datos Fundamentales de tres hojas, el conocido como KID de los Priips (productos de inversión minorista vinculados y productos de inversión basados en seguros).

El sector considera un error que el legislador haya decidido aplicar esta regulación también a los seguros de ahorro más tradicionales con prestación garantizada a vencimiento (en un principio solo se iba a aplicar en lo que respecta a los seguros a los unit linked).

El responsable de Vida y Pensiones de Unespa considera que el KID se debe elaborar para productos con la misma finalidad, que no es el caso de estos seguros de Vida Ahorro, a los que se mete en el mismo saco con instrumentos como derivados o warrants.

Esto por un lado. Además, el KID incluye un indicador de riesgo para que el cliente sepa a qué atenerse. Lo malo es que por culpa de todo este maremágnum de regulación, el consumidor tendrá que ‘estudiarse’ no uno sino tres indicadores de riesgo diferentes dependiendo de los productos, lo que obviamente genera confusión.

En este de los Priips se establece una escala del 1 al 7. Esta escala es muy parecida a la empleada por los fondos de inversión, pero la metodología es diferente por lo que la información que proporcionan también lo es. Y además, está el ‘semaforo de riesgos’, que con una escala del 1 al 6 se aplica a productos diferentes de los Priips, y que tampoco tiene la misma metodología detrás ni indica lo mismo.

El KID informará, además, de los costes que drenan la rentabilidad bruta del producto. En este caso la información no es personalizada sino que va dirigida a un inversor estándar. Pero a nivel doméstico, el seguro proporciona al cliente la rentabilidad esperada, conocida como la TAE del seguro, información que sí está personalizada: “Si no se coordinan las dos regulaciones, el cliente va a tener dos papeles con rentabilidades esperadas diferentes”.

Esto en lo que respecta al detalle del contenido de la información precontractual que las aseguradoras deberán proporcionar al potencial asegurado. Pero alguien podría pensar que el sector, antes de esta regulación, no proporcionaba datos a sus clientes sobre los productos antes de contratarlos. Error. Las aseguradoras ya entregan lo que se conoce como la Nota Informativa Previa en el marco de Solvencia II.

Un documento no sustityue al otro, ni se permite su unificación, por lo que el cliente tendrá que analizar dos informes diferentes y con contenidos distintos en varios casos. Por este motivo, desde Unespa se pide que se puedan unir ambos en un solo documento, y que si finalmente se tienen que proporcionar los dos, al menos que se permita eliminar las duplicidades para que realmente sea una información util. Los consumidores lo agracederían.

Por tanto, la nueva regulación para proteger al asegurado, inspirada en gran medida por los escándalos bancarios, tal y como está planteada actualmente en pro de la transparencia puede confundir más que ayudar por un exceso de información. Si siempre ha sido cierto que la educación financiera es vital ahora probablemente lo sea más que nunca. Va a haber que estudiar mucho para entender tanto papel.

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