ANÁLISIS

Latinoamérica: buscando alianzas comerciales en todas direcciones

Latinoamérica: libertad económica.
Latinoamerica

El acuerdo fir­mado por once países de las ri­beras del océano Pacífico en Santiago de Chile ya ha te­nido el efecto de es­ti­mular el acer­ca­miento de Brasil y Argentina, más Uruguay y Paraguay, agru­pados en Mercosur, a las eco­no­mías de sus ve­cinos de la costa del Pacífico la­ti­noa­me­ri­cano, (Chile, Perú, Colombia y México), cuando éstos se dis­ponen a in­te­grar sus eco­no­mías con la de una in­mensa área de la cuenca del Pacífico.

El pasado 8 de marzo se firmó en Santiago de Chile el Tratado Integral y Progresivo de la Asociación Transpacífica (TIPAP, o CPTPP por sus siglas en inglés), que pretende formar un área de libre comercio entre once países del Pacífico: Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Malasia México, Japón, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam.

Aunque este tratado lleva algunos años negociándose, su consumación ha sido acelerada por las políticas proteccionistas del presidente Trump, que retiró a su país de las negociaciones. Quizás a ello se deba que China, que siempre había criticado el proyecto de tratado, enviase a un alto representante de su gobierno a la ceremonia de firma por los ministros de Exteriores de los países miembros.

Esos países tienen una población de casi 500 millones, y representan 15% del comercio mundial. Su ingreso ‘per capita’ es relativamente elevado: $28.090. Si Estados Unidos no se hubiese retirado, el bloque hubiera representado el 40% de la economía mundial.

Chile es desde hace años el principal patrocinador del acercamiento de las economías de la costa latinoamericana del Pacífico a las economías de Australasia, lo que la ha valido dirigir el 17% de su comercio a la cuenca occidental del Pacífico.

Esta realidad se proyecta sobre la llamada Alianza del Pacífico (AP), formada por México, Colombia, Perú y Chile. Los pasados días 18 y 19 se reunieron en Lima los grupos técnicos de la Alianza, para el cumplimiento de la Declaración de Cali (junio de 2017), la cual se propone promover “una integración regional profunda a través de la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, para fortalecer el crecimiento y desarrollo sostenible orientado a mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes”.

Los compromisos de los dos bloques (TIPAP y AP) con el libre comercio plantean un desafío a Mercosur, un bloque claramente nacido con propósitos proteccionistas, imponiendo altas tarifas externas comunes y no permitiendo acuerdos bilaterales particulares de sus miembros con otros países, cosa que sí permite la alianza del Pacífico a sus socios.

La realidad es que Mercosur está perdiendo vitalidad. En los últimos cuatro años sus intercambios internos se han reducido un 30%, lo que ha llevado al bloque a abrir negociaciones con la Unión Europea y con sus vecinos latinoamericanos. Los cambios políticos en Brasil y Argentina en el último año han acelerado la apertura de Mercosur, patrocinada por los presidentes Michel Temer de Brasil y Mauricio Macri de Argentina. A este fin se reunieron el pasado diciembre, en Brasilia, representantes de Mercosur y de la AP, para reducir tarifas comerciales y no comerciales, y negociar una zona de libre comercio, cuya finalización puede demorarse un año por lo menos.

Aunque para México nada puede compensar la probable pérdida de ventajas comerciales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA en su sigla en inglés), dispuesta por Trump, Mercosur le ofrecerá algunas ventajas, como importar maíz y soja a precios competitivos con Norteamérica; importaciones que, por cierto México, ha empezado a activar.

Mercosur lleva a cabo negociaciones paralelas con la India, y con la European Free Trade Association (EFTA), las cuales, si dieran resultados favorables, éstos serían necesariamente modestos comparados con los que podrían derivarse de la apertura más decidida de Mercosur, tanto al Pacífico como a la UE.

Artículos relacionados