GEOPOLÍTICA

Ya están en marcha los planes para atacar a Siria

Rusia no va a aceptar que su aliado se debilite

Ya han sido mu­chos los ata­ques quí­micos del ré­gimen de el-Assad contra su propia po­bla­ción, como el re­ciente de Duma (7 de abril), sin que la co­mu­nidad in­ter­na­cional haya que­rido o po­dido hacer de ello un mo­tivo de es­cán­dalo que hu­biese obli­gado a los prin­ci­pales ac­tores a hacer algo para im­pe­dir­los. Por no poner en pe­ligro la paz mun­dial, daban a en­tender

¿Por qué ahora la amenaza del presidente Trump a Siria, de atacarla con una lluvia de misiles, y las paralelas advertencias a Putin de que no debería ser socio de un “Animal que asesina a su pueblo con gas y disfruta con ello”?

Hay una coincidencia de factores. Primero el de orden político interno. Trump se siente en condiciones de enfrentarse a Rusia, liberado ya de las alegaciones que desde sectores del partido demócrata y los medios de prensa liberales se lanzaron contra él por unas supuestas connivencias con agentes rusos de cara a la campaña electoral del 2016. La actual resolución de Trump se confirma con el reciente nombramiento de John Bolton, un conocido ‘halcón’, para la secretaría de Estado.

Otro factor es la llamada del presidente Macron a que se forme cuanto antes una fuerza militar aliada que haga pagar a al-Assad sus crímenes, y la voluntad del Reino Unido de unirse a ella. Macron fue precisamente quien en enero de este año reunió en París ministros de 25 naciones para formar una Coalición Internacional contra la Impunidad por el Uso de Armas Químicas, y que pasó desapercibida por los medios europeos.

El tercer factor (éste es sólo una hipótesis, aunque altamente probable) es el asesoramiento que haya podido recibir Trump de Rebecca Hersman, que fue entre 2009 y abril de 2015 ‘deputy assistant secretary of Defense’ para armas de destrucción masiva. Actualmente es directora del Programa de Cuestiones Nucleares del Center for Strategic and International Estudies, de Washington.

Hersman es autora de un artículo en la revista ‘Survival’, del IISS*, en el que refuta que “la pretensión de pedir responsabilidades a los estados, entidades e individuos que perpetran esos ataques es algo inalcanzable”.

Aunque Hersman no apela al uso de medios militares contra los perpetradores, sí recuerda lo que dijo el secretario de Estado, Rex Tillerson a la conferencia de París, junto a su par francés, Jean Yves Le Drian: “Esta iniciativa advierte a los que ordenaron y llevaron a cabo ataques con armas químicas: llegará el día del juicio por vuestros crímenes contra la humanidad, y vuestras víctimas verán que se hace justicia”.

Mucho antes, y aún después de la conferencia de París, los ataques químicos del régimen sirio han seguido como si nada importante los pudiera perturbar. En paralelo crecían las capacidades de ataque químico del llamado Estado Islámico en Siria.

El historial de ataques perpetrados por el régimen es atroz: en 2013, 1.400 personas murieron en Ghouta del Este por gas sarín. La Sociedad Sirio-Americana de Médicos da la cifra de 194 ataques químicos del régimen, desde 2012 hasta ahora.

Bajo el presidente Obama, Estados Unidos admitió que Siria, con el patrocinio de Rusia, entrase en un Acuerdo-Marco que permitía su acceso a la Convención de Armas Químicas, de la ONU, quizás con la idea de ‘civilizar’ a al-Assad. La Convención disponía de medios técnicos para certificar ataques químicos. Su Mecanismo Conjunto de Investigación ha visto sus informes ‘positivos’ vetados diez veces por Rusia. En octubre pasado Rusia logró la disolución de ese organismo.

Se da por descontado que esta vez los ataques anunciados por Estados Unidos, a los que seguramente se unirán Francia y Reino Unido, no serán sólo punitivos: también se dirigirán contra la capacidad de producción siria de esas armas, como anunció el presidente Macron el pasado día 10.

Es probable que una serie de países del Golfo Pérsico faciliten sus infraestructuras para los ataques que se preparan. Éstos serán de mayor o menor amplitud, de acuerdo con las ayudas que puedan prestar países como Turquía, Jordania, Iraq, etc.

Nada permite de momento especular con la posibilidad de que la movilización de medios militares contra el régimen apadrinado por Putin sea sólo una coacción para obligar a Rusia a que, a su vez, desarme al régimen de Assad. Es poco probable que Putin ceda la cabeza de al-Assad o le quite las herramientas de castigo contra su pueblo rebelde.

Lo invertido por Rusia en el apoyo a Siria es demasiado para que se avenga a poner en riesgo al aliado que le ha dado bases militares, situadas directamente frente a Europa y a caballo de Oriente Medio. Por no hablar de Irán y su maniobra envolvente contra Israel. Demasiados intereses estratégicos en juego. Veremos. *”Resisting Impunity for Chemical Weapons Attacks”. “Survival”, (abril-mayo 2018).

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