"El grupo chi­no-­ca­talán tenía el ojo más grande que la pan­za", según co­mentan en París

Mediapro dice adiós a sus sueños de grandeza en Francia

Canal+ Francia se hace rogar para tomar el re­levo a precio de saldo de la em­presa de Roures

Jaume Roures, Mediapro.
Jaume Roures, Mediapro.

El ín­clito ex pe­rio­dista ca­talán Jaume Roures está a punto de decir adiós a sus sueños de gran­deza en Francia, a menos que en un úl­timo in­tento sus des­co­no­cidos so­cios chinos le sa­quen del ato­lla­dero. Porque aunque to­davía no es ofi­cial, a la es­pera de la de­ci­sión ar­bi­tral ini­ciada en oc­tubre y cuyo plazo ex­pira este jue­ves, 17 de di­ciem­bre, ya se da por des­con­tado, en Francia, que Mediapro no se­guirá ex­plo­tando los de­re­chos del futbol pro­fe­sional francés (L1 y L2), ad­qui­ridos en 2018 por cuatro tem­po­ra­das, a cambio de 3.200 mi­llones de eu­ros.

Con la pandemia del Convid 19 como excusa, el grupo del catalán que dirige Jaume Roures tiene pendientes de pago el segundo y el tercero plazo (324 millones) de ese acuerdo, por falta de medios, y que, como medida de presión, exigía a la liga francesa (LFP) una rebaja del 25% de las condiciones financieras que ambas partes tenían pactadas hasta 2024.

A la hora de la verdad, lo que está en cuestión no es solo la aparente megalomanía y la arrogancia de Jaume Roures, sino igualmente -y quizás mucho más- la codicia de la LFP.

Ruptura con Canal+

Todo empezó porque la liga francesa de futbol cortó amarras con Canal+, que llevaba 24 años consecutivos con la exclusividad de los derechos del futbol, para poner el futuro del fútbol francés, de primera y segunda división, en manos de un operador sin experiencia en Francia, pero dispuesto a pagar lo que fuera necesario para alcanzar sus objetivos y, además, sin tener que aportar pruebas de solvencia ni garantía financiera alguna.

Pactos sin avales

Cabe recordar, que antes de pactar con la Liga gala, prometiendo situarla al mismo nivel de visibilidad y fuerza financiera ya alcanzado por la italiana, española y alemana (cuatro hermanas dispuestas a todo lo que fuera necesario para alcanzar la misma dimensión económica de la liga inglesa), Mediapro ya había intentado la misma jugada en Italia. Realizó una oferta millonaria, muy al gusto de los italianos, los cuales solo decidieron rechazarla al ver que Jaume Roures no quería -porque no podía- ofrecer garantías bancarias.

Los italianos, sospecharon, además, que el tinglado montado por el fundador de Mediapro, que pagaría más de 1.000 millones anuales por los derechos de la liga profesional local, era todo menos transparente. La aportación de fondos prometida, que podría alcanzar los 1.600 millones de euros, no sería realizada directamente por la casa madre de Mediapro, Joye Media, sino que saldrían del holding Imagina Media Audiovisual, cuyo accionista mayoritario, con un 53,5% del capital, es el fondo de inversiones chino Orient Hontai Capital (OHC).

Descapitalización total

Según diversas informaciones, la única garantía aportada por Jaume Roures a la LFP fue la presentada por una descapitalizada Joye Media, cuya deuda, a final del 2019, ascendía a 920 millones de euros. Una garantía, por lo tanto, sin consistencia, teniendo además en cuenta que según Moody´s, a final de septiembre la disponibilidad financiera de Joye Media, en términos de caja, no superaba los 113 millones. Lo cierto es que el 22 octubre, las agencias de rating S&P, Fitch y Moody’s tomaron la decisión de rebajar el “rating” de la casa madre de Mediapro.

Pero lo que llamó más a la atención de la prensa gala fue la gran opacidad del entramado financiero montado por Jaume Roures. “Le Monde”, por ejemplo, subrayó que OHC tiene un 51% del capital en manos de otro grupo chino, Orient Securities (uno de cuyos accionistas es el Ayuntamiento de Shangái), mientras que el 49% restante corresponde a Yunzhuo Capital Investment, cuyo representante legal, el misterioso Tony Ma, con oficinas en Shangái y en Pekín, también da la cara por OHC, que invierte en “startups” tecnológicas, farmacéuticas, etc..

En todo o caso, lo que Mediapro hizo en Francia, tras inflar los derechos de las L1 y L2 hasta 2023/2024, no fue actuar como agente intermediario, sino que lanzó una segunda apuesta de riesgo: creó una nueva cadena deportiva, Téléfoot, con el 100% de fútbol francés. Fundada en agosto, con abonos mensuales situados entre los 25 y los 30 euros, Téléfoot captó hasta ahora unos 500.000 abonados, un décimo del objetivo final (5 millones) y también todavía a años de luz de los 3,5 millones que serían necesarios para alcanzar el nivel de la rentabilidad.

Fracaso total

Por lo tanto, el fracaso de la faraónica apuesta francesa realizada por Mediapro será doble: dejará patas arriba el mundo del fútbol profesional (en las mejores perspectivas, la LFP deberá renegociar la venta de los derechos de L1 y L2 en condiciones de manifiesta inferioridad, o sea con un descuento por lo menos igual al 25% que reclamaba Mediapro), sino que, además, tendrá que desprenderse de la cadena Téléfoot (con una plantilla de 160 empleados, de los cuales 60 son periodistas), donde ya solo se habla de Jaume Roures en términos peyorativos .

Ante el impago por parte de Mediapro de los ya mencionados 324 millones de euros, relativos a la segunda y a la tercera prestación del contrato firmado por cuatro temporadas, la LFT no tuvo más remedio que negociar dos préstamos bancarios. Es que no tenía otra solución para mantener los clubs a flote, ahora más necesitados que nunca del dinero de la televisión, que en una situación normal (sin la pérdida de los ingresos por taquilla y otros servicios provocada por la pandemia actual), representan una media del 53% de los ingresos del fútbol francés.

Ayuda pública

Hubo un momento en que la LFP alimentó la esperanza de una eventual ayuda pública. Sin embargo, comprendió rápidamente que Emmanuel Macron, que ya había criticado las condiciones del acuerdo firmado con Mediapro (sobre todo lo relacionado con la ausencia de garantías financieras por parte de Jaume Roures), sabía que por muy popular que sea el futbol, cualquier ayuda financiera a los clubes profesionales seria mal recibida por una población muy castigada por el coronavirus, y ante los graves déficits de cobertura y de ayudas sociales.

Lo que hizo también Mediapro, para saldar la fallida operación gala de la mejor manera posible, minimizando los daños, fue chantajear a la LFP, acudiendo al Tribunal de Comercio de Nanterre, que abrió en octubre un proceso arbitral de conciliación. Según la prensa francesa, las partes ya habrán llegado a un principio de acuerdo, pero queda todavía puntos por cerrar. La última audiencia prevista, con participación del mediador Marc Senechal, tendrá lugar el próximo jueves, para que el Tribunal pueda dictar sentencia antes de Navidades.

Según algunas fuentes, Mediapro obtendrá un substancial perdón de deuda (debería pagar a la LFP unos 100 millones de euros, en lugar de los 324 millones que tendría que haber pagado en octubre y en diciembre). Además, para minimizar el daño provocado a los abonados, Téléfoot podrá seguir funcionado al menos un par de meses más.

Comprador en perspectiva

Es probable que Jaume Roures utilice este plazo para encontrar algún comprador, pero será a todas luces una tarea imposible, porque lo que hará la LFP, tras recuperar los derechos, será volver a ponerlos en el mercado. Canal+, es el candidato mejor situado, con que recuperaría unos derechos que fueran su exclusividad durante los 24 años anteriores a la llegada de Mediapro.

Y si lo hace, como está previsto, será en unas condiciones financieras mucho menos favorables para la LFP. Los expertos apuntan hacia una oferta máxima de 600 millones anuales, o sea, 200 millones menos que el contrato actual. La misma rebaja que Jaume Roures reclamaba a gritos, pero que la LFT rechazó, por la buena razón que Mediapro seguiría careciendo de garantías financieras.

Queda también la idea de que la LFP opte por una formula revolucionaria en el mundillo del fútbol: explotar directamente los derechos de las ligas de primera y segunda división, sin intermediarios, con que para lanzar eventualmente una nueva cadena de televisión o para negociar con las operadoras actuales interesadas, tendría, antes, que cambiar su estatuto jurídico de asociación sin finalidades lucrativas atribuida por la federación gala. Sería como un salto al vacío, sin paracaídas… pero que serviría de ejemplo para otras grandes ligas europeas.

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