Su ob­je­tivo de ren­ta­bi­lidad (ROTE) se li­mita a un 7% a fi­nales de 2023

Los analistas descartan que el nuevo plan de Ibercaja garantice su independencia

Peligra la sa­lida a Bolsa en 2022 del grupo ban­cario con sede en Zaragoza

Ibercaja
Ibercaja

El nuevo plan es­tra­té­gico de Ibercaja, que era es­pe­rado tras el ca­po­tazo del Gobierno para que su sa­lida a Bolsa se apla­zara hasta fi­nales de 2022 y que fue pre­sen­tado este miér­coles casi en la clan­des­ti­ni­dad, granjea muy poca cre­di­bi­lidad entre los ana­lis­tas. Tras una so­mera lec­tura mu­chos ex­pertos con­sul­tados con­si­deran que el grupo pre­si­dido por José Luis Aguirre y ges­tio­nado por Víctor Iglesias, di­fí­cil­mente se podrá man­tener como en­tidad in­de­pen­diente, al ser el más pe­queño entre los pe­queños bancos con cierta re­le­van­cia.

Con un objetivo del 7% de rentabilidad (ROTE) en 2023, la antigua caja de ahorros con sede en Zaragoza se queda como potencial bocado para un grupo de mayor tamaño en la nueva ronda de consolidación.

El esperado nuevo plan estratégico de Ibercaja, aplazado hasta la primera quincena de abril, ofrece pocos alicientes para unos analistas que preveían unos objetivos más ambiciosos tanto para su salida a Bolsa a finales de 2022 como en su intención de mantenerse como entidad independiente.

El objetivo de rentabilidad (ROTE) del 7% apenas se acerca al umbral que en los mercados consideran suficiente para cubrir el coste de capital, que se estima en torno a los dos dígitos (por encima del 10%), sobre todo después de haber obtenido en el último ejercicio un beneficio de tan sólo 23,6 millones de euros (con un desplome del 72%), el menor entre los bancos más pequeños con cierta relevancia en España.

El reto de solvencia marcado por la cúpula de Ibercaja en el nuevo plan estratégico fija una ratio de capital CET1 fully loaded por encima del 12,5%. Ese porcentaje resulta muy vago, ya que al cierre del pasado ejercicio ya tenía una ratio del 12,6%, la más baja entre sus más directos comparables.

En cuanto a la eficiencia, al menos en la comunicación oficial de Ibercaja, no se apunta objetivo alguno en cuanto a esta rario que, al cierre del pasado ejercicio, se encontraba en un poco soportable 62,5%, a pesar de los distintos EREs realizados y que han tenido un coste, en el último realizado, de 151 millones de euros.

La cúpula de Ibercaja siempre ha presumido de que sus empleados en la red comercial conocían a sus clientes por su nombre, algo que ya ha cambiado en los últimos tiempos ante las distintas rotaciones o salidas de algunos trabajadores. No obstante, una de las apuestas es por una cercanía de lo que se suponen gestores.

Apuesta común

El nuevo plan estratégico de Ibercaja se centrará, al igual que la mayoría de sus competidores, en un crecimiento en empresas (Sabadell también se fija en ese segmento tan rentable para el grupo de José Oliu desde casi la creación del banco), banca personal y seguros.

Uno de los objetivos es multiplicar por 1,5 las captaciones de nuevos clientes en banca personal y banca privada, así como incrementar un 23% los clientes vinculados en banca de empresas. En esa estrategia está más de un competidor y la liza puede ir más allá de las manos en los próximos tiempos.

Pese a todo, y casi fiándose a la Virgen del Pilar, los responsables de Ibercaja rezan por incrementar en 50 puntos básicos la cuota de crédito en empresas; crecer el 8% "acumulado anual" en gestión de activos, e incrementar más de un 6% "acumulativo anual" la cartera de seguros de riesgos.

Si Ibercaja se convierte en una entidad cotizada, a finales de 2022 o cuando el Gobierno de turno le de margen para ello, todavía tendrá que mejorar en muchos más aspectos y, no sólo, en los meramente financieros. Su política de comunicación hace algo más que aguas desde hace tiempo.

Artículos relacionados