Los 27 Estados pre­sionan para que Bruselas dé un rá­pido visto bueno a sus planes

Pedro Sánchez, agobiado por el casi seguro retraso del Fondo de Rescate europeo

España será el país más per­ju­di­cado si eso su­cede pero la Comisión re­chaza al­ter­na­tivas

Sánchez, ¿en coalición?.
Sánchez, agobiado.

El si­lencio del Constitucional alemán sobre la apli­ca­ción del Fondo de Recate eu­ropeo em­pieza a in­quietar a los lí­deres po­lí­ticos y eco­nó­micos de la Unión, que re­claman a Bruselas que esté pre­pa­rada para dar las ayudas en cuanto se aprueben los planes de cada uno de los países miem­bros. La Comisión Europea, en cam­bio, man­tiene su de­cla­ra­ción ini­cial según la cual, sigue es­pe­rando que la ra­ti­fi­ca­ción se pro­duzca en todos los Estados antes de que fi­na­lice el mes de ju­nio.

El órgano político y administrativo de la UE rechaza buscar caminos alternativos para conseguir los recursos con los que financiar los programas de recuperación nacionales en caso de que el Constitucional alemán retrase su decisión o no permita la aprobación de los fondos.

España, el segundo país que más fondos recibirá de Bruselas, si finalmente los Veintisiete aprueban el Next Generation UE, sería el más perjudicado si se retrasara la llegada de los fondos tras sufrir la mayor caída del PIB el año pasado. Si hubiera que reinventar el proyecto, tras la demanda presentada contra la participación alemana en la emisión de deuda en común por el partido Alternativa por Alemania y por el grupo de la sociedad civil, Bündnis Bürgerwille, (Alianza Ciudadana), las consecuencias para la economía, las empresas y el empleo serían muy negativas.

Solo las principales bolsas europeas parecen dar por ratificados los acuerdos que permitirán a la Comisión Europea acudir a los mercados para endeudarse por 800.000 millones de euros con los que financiar el plan de rescate conocido como Next Generation EU. Los principales índices de las bolsas de Fráncfort y París han consolidado sus máximos históricos e incluso los han superado.

La Bolsa española, a su aire

Entre las grandes economías, solo la bolsa española sigue muy lejos de lograr acercarse a los máximos fijados en el último trimestre del 2007 debido a la desconfianza política que genera para los inversores el Ejecutivo de Pedro Sánchez, la falta de la modernización de su economía con empresas por las que apostar y por supuesto ante el riesgo de un retraso de la llegada de las ayudas.

El hecho es que, pese a la confianza de los grandes mercados en la economía alemana y francesa, los Gobiernos de los 27 y el Banco Central Europeo se inquietan por un eventual retraso de la ratificación del plan de recuperación europeo hasta el punto de que los 27 han pedido a la Comisión que acelere la evaluación de los planes respectivos nacionales, cuando le lleguen, para usar las millonarias ayudas del fondo de recuperación. Junto con el incremento del ritmo de la vacuna, los fondos previstos de 750.000 millones deben ser los dos motores del crecimiento.

Así, la Comisión, pese a que viene intercambiando documentos y conversaciones con los Estados miembros, todavía no ha recibido ninguno de los proyectos nacionales al completo. España, que presume de ser uno de los países que más avanzado tiene el programa, también ha decidido esperar a finales de mes para enviar el proyecto completo. Entre otras razones, el equipo de comunicación de Pedro Sánchez trata de aprovechar la proximidad de las elecciones de la Comunidad de Madrid para volver a ensalzar los resultados que se esperan conseguir del maná procedente de Bruselas.

El Plan español, un deseo

Aunque lo conocido hasta ahora, en las 211 páginas del proyecto español, titulado ‘España Puede. Proyecto de Plan de recuperación, transformación y resiliencia’ no pasa de ser, como el propio Gobierno admite, un boceto general de las áreas en las que se quiere intervenir. No se puede decir que esto sea un proyecto de relanzamiento de la economía ni que con lo que aparecen en esas páginas se pueda hacer uno una idea de cómo se va a transformar la estructura económica de nuestro país, pese a la ampulosidad de las palabras utilizadas por Pedro Sánchez hasta ahora al presentarlo.

Cuesta comprender tras su lectura que la España del 2027 vaya a ser muy distinta a la de hoy salvo en los aspectos que afectan a la ‘transición verde’ a la que, por cierto, ya estábamos comprometidos por otros acuerdos internacionales como el Acuerdo de París.

Lo más sustancial o concreto se puede que se encuentre en las páginas 205-211 que corresponden al ‘Capítulo V: Impacto General’, en el que se estima como se incrementará la inversión pública en los 6 años de vigencia del plan de recuperación. En cuanto a un aspecto tan importante como la inversión en I+D+i, da por hecho que nos acercaremos a la media de los países europeos, pero utilizando una expresión tan poco comprometedora como que prevé que llegaremos a un “escenario de movilización asimilable a la media europea”, que viene a ser como no decir mucho.

Muchos empleos en juego

Pese a la crítica generalizada que se ha hecho a la estimación de que se generarán 800.000 nuevos puestos de trabajo en España con esta importantísima inversión durante los próximos seis años, el proyecto carece de ambición. Si lo reducimos a términos anuales, nos lleva a una creación de empleo de unos 134.000 nuevos puestos de trabajo por año. Supone incluso un retroceso sobre el proyecto que presentó en su día para los presupuestos del 2018 el expresidente Mariano Rajoy, unas cuentas en las que se estimaba que España contaría con 20 millones de trabajadores para el 2020.

Quizás el más claro a la hora de interpretar y hablar sobre lo que debe garantizar el programa ha sido el ministro de Finanzas portugués, Joao Leao. Al terminar la reunión del Ecofín la pasada semana advertía de que es el momento de “pisar el acelerador y avanzar, estamos en la recta final”. Para añadir que sería un "potente mensaje para los mercados financieros”.

Por supuesto debe ayudar a relanzar rápido el crecimiento. En juego están los 800.000 millones de euros del fondo de recuperación que se deben desembolsar en forma de subvenciones directas y préstamos a los Veintisiete, conforme se vayan acometiendo los planes de reformas e inversiones pactados con Bruselas, que se encargará de revisar semestralmente si se cumple lo pactado.

Hoy más que nunca la recuperación europea depende de una decisión del Constitucional alemán lo que obliga a replantearse si no es llegado el momento de un cambio del proceso de toma de decisiones comunitario, aunque afecte también a la todopoderosa Alemania.

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