El grupo ca­talán quedó al margen del duelo francés de altos vuelos pero Criteria Caixa per­ma­nece vi­gi­lante

Suez quería hacer caja en Agbar, pero Veolia tiene otros planes

Aunque siga con un 100% de ca­pital fran­cés, la an­tigua Aguas de Barcelona no tiene claro su fu­turo

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El prin­cipio de acuerdo fir­mado entre Veolia y Suez, en el hotel Bristol de París este fin de se­mana pa­sado, tras ocho meses de lucha sin cuartel entre los dos gi­gantes ga­los, no tuvo nin­guna par­ti­ci­pa­ción di­recta de sus in­tereses ni par­ti­ci­padas es­paño­las, pero tendrá inevi­ta­ble­mente re­per­cu­siones en España. El acuerdo ha sido inevi­ta­ble. Las opas hos­tiles de Veolia no lle­garon a nin­guna parte y el apar­ca­miento de­fen­sivo de los ac­tivos de Suez en Holanda fue de­cla­rado ile­gal. No había otro re­medio que pac­tar. Criteria Caixa puede tener de nuevo voz en Agbar.

Porque, aunque continúe teniendo 100% de capital francés, ya que pasará de las manos de Suez a las de Veolia, Aguas de Barcelona, Agbar, no tiene nada claro su futuro. Todo está en abierto. Puede que se convierta en una perita en dulce para Veolia, si resulta vendida por partes o incluso puede suceder que vuelva a tener un dueño español.

Antoine Frérot (Veolia) y Philippe Varin (Suez), solo aceptaron enterrar el hacha de guerra bajo presión, con la intervención de otro gran capitán de industria: Gerard Mestrallet, antiguo presidente de GDF-Suez y respetado aún, pese a que cuando dejó el grupo, en 2014, recibió 21 millones de euros como regalito de jubilación financiado totalmente por la empresa. Mestrallet actuó como mediador, bajo la atenta mirada del gobierno de Emmanuel Macron y de su ministro de Economía, Hacienda y Recuperación, Bruno Le Maire.

Sin futuro

Lo cierto es que Agbar ya llevaba algún tiempo sin tener nada claro su futuro. La explicación es muy sencilla. Aunque nadie ponga reparos a su actuación en Cataluña como en sus jugosos mercados internacionales (principalmente Latinoamérica y Estados-Unidos), dos años antes de que empezara a sufrir el acoso del todo poderoso rival galo, Suez ya miraba a Agbar como lascivia incontenible, e incluso se señalaba que con su venta planeaba ingresar unos 3.000 millones de euros. Quien más insistía en la venta era el fondo Amber Capital, prácticamente desde el primer día en que entró en Suez, a final del 2018, cuando se hizo con un 1,9% del capital.

El ahora principal accionista y controlador de Prisa -donde seguirá probablemente operando con la misma estrategia especuladora- hizo de la venta de Agbar su principal objetivo, para incrementar la rentabilidad de su inversión en Suez. Su tesis es que el 100% de Suez en Agbar se había convertido en un activo maduro y poco rentable, con ingresos inferiores al coste del capital del grupo, y, por lo tanto, un activo ideal para iniciar un círculo de rotación de acciones.

Ideas fijas del dueño de Prisa

Para poner más presión sobre Suez, el fondo especulador de Joseph Oughourlian actuó con una idea fija: vender sus mejores activos para mejorar la rentabilidad del grupo, que arrastraba unos malos resultados, y también para dar la vuelta a una década de “gestión pasiva”. Amber hasta calculó que los últimos seis años el grupo había perdido un 149% de su valor, en relación con el rival Veolia, y también que el resultado neto por acción había decaído un 57% en diez años. Vender Agbar era la solución porque ya no tenía lógica financiera ni empresarial para Suez.

La cuestión ahora es saber lo que opina Veolia. Hasta el momento, el mutismo es total, y todo son puras especulaciones. De hecho es posible que el grupo dirigido por Antoine Frérot esté más pendiente de utilizar Agbar para crecer en España, donde tiene todavía una presencia residual, y más aun en otros mercados rentables como el latinoamericano (Aguas Andinas principalmente) y en norteamericano, o al contrario, hacer caja con la operación, ante el enorme esfuerzo financiero previsto con Suez, que tendrá un coste total de 25.400 millones, deuda incluida.

Criteria Caixa de árbitro

Buena parte de la solución está en manos de Criteria Caixa, que como resultado de la venta de su restante 24,14% en Agbar, realizada en 2014 (fue cuando Suez pasó a controlar el 100% del grupo catalán), ingresó 300 millones de euros y recibió un 5,8% del grupo galo, donde controla ya un 6%, y cuyo valor se habrá disparado, por cuenta de la Opa de Veolia, que pasó de ofrecer 18 euros a tener que pagar 20,50 euros por acción, unos 1.400 millones más que la oferta hostil inicial. Dicha participación tendría ahora un valor bursátil cercano a los 700 millones.

En cuanto a Agbar, que dejó de cotizar en Bolsa, no hay forma de ponerle un precio objetivo. Pero el listón está situado muy alto, en torno a los 3.000 millones. Cabe recordar que el grupo fundado en 1869, tras la inauguración del Canal de Suez (para financiar su construcción hubo que realizar una masiva suscripción en la Bolsa de París, bajo el impulso del conde de Lesseps), estuvo controlada por el grupo bancario español entre 1920 y 2010, cuando pasó al grupo Suez. Tras una Opa amistosa, el grupo se quedó con el 75,01% del capital, frente a La Caixa, hoy Criteria Caixa, con un 24,03%.

Silencio español

El equipo de Isidre Fainé al frente de Criteria Caixa evita hablar del futuro de Agbar. Del mismo modo que el máximo responsable del grupo catalán, Ángel Simón. Son todo especulaciones, en torno al presunto interés que tendría para la institución financiera catalana volver a hacerse con el control de la emblemática empresa. Se habla, en todo o caso, de un posible canje de acciones, donde entraría en juego el 6% de Suez en manos de Criteria que tiene todo lo necesario para poder negociar con Veolia hasta un eventual cambio de control de Agbar.

Datos objetivos

Hay datos objetivos a favor de una vuelta de Criteria Caixa al mando. Empezando por la posición clave que la empresa ocupa en Cataluña: además de aportar anualmente unos 2.000 millones a la economía catalana (un 0,5% de PIB autonómico), ejerce un efecto multiplicador en el tejido económico y social de la comunidad. Así, con 100 euros de facturación genera otros 120 euros, y, sobre todo, por cada 100 empleos directos genera unos 300 indirectos.

Otro dato que juega en contra del eventual interés que tendría Veolia de apostar fuerte en Agbar, está el hecho que la gestión del negocio en Cataluña no será nada fácil para el nuevo dueño del grupo: pasa mucho por un entramado de sociedades mixtas, con una elevada y activa participación pública municipal. Prueba de ello es la compleja estructura accionista de Aguas de Barcelona, el activo más importante, con un 15% del capital en manos de Criteria Caixa, y el controle compartido a partes iguales por Agbar y Área Metropolitana de Barcelona.

Obsesión para Veolia De lo que no cabe duda, en todo o caso, es que, desde el primer momento de la batalla con Suez, Agbar fue como una obsesión para Veolia. Había mucho que negociar, de hecho, casi todo, pero Antoine Frérot fue inflexible: en ningún momento abrió la mano de la operación catalana y de sus activos latinoamericanos y norteamericanos. El “Nuevo Suez” será el gran rival de Veolia en Francia (aguas y residuos sólidos), y seguirá en Italia, República Checa, India, China, Asia central, África… pero saldrá de Australia, Latinoamérica, USA y España.

Con lo cual, el Nuevo Suez tendrá un volumen de negocio de 6.900 millones de euros, un 40% de los 17.000 millones facturados en 2020. A cambio ,Veolia pagará 20,50 euros por cada una de las acciones correspondientes al 70,1% del capital que aún no tenía, precio muy superior a los15,50 euros que pagó hace poco a Engie por su 29,9% de Suez, que tenía entonces un precio de mercado de 12,24 euros. Veolia tuvo, así, que mejorar un 13,9% el precio inicial de la Opa que situaba el valor de Suez en los 11.300 millones.

Sin vencedores ni vencidos

Unos niveles de negocio donde casi ya no cabría hablar de ganadores y perdedores. Pero no es así: todo son críticas por la forma como un Bernard Camus relativamente frágil, sin carisma ni apoyo político dirigió la resistencia de Suez, frente a una Veolia liderada por Antoine Frérot, un gran capitán de la industria gala, y que cultiva una relación estrecha con Emmanuel Macron.

En todo o caso, Veolia seguirá teniendo un duro competidor en Nuevo Suez, que quedará en manos mayoritariamente francesas (los fondos Meridian y Ardian, como inversores a largo y a medio plazo) y que, pese a su amplia presencia en el exterior, tendrá concentrada en Francia el 70% de su actividad. El próximo duelo Veolia-Suez ya tiene fecha marcada: la adjudicación del negocio del agua en la región de Ille de France. Será la más importante concesión pública prevista en el sector y que fue hasta ahora uno de los negocios más importantes de Veolia.

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