OPINIÓN

Criteria/Naturgy: entre la opción de venta y la apuesta decidida por la empresa

Isidre Fainé deja a un lado la OPA de la aus­tra­liana IFM Global frente a al­gunas con­si­de­ra­ciones po­lí­ticas

Isidre Fainé, CriteriaCaixa.
Isidre Fainé, CriteriaCaixa.

Si exis­tiera al­guna duda sobre las in­ten­ciones de CriteriaCaixa en re­la­ción a la OPA del fondo aus­tra­liano IFM Global por el 23% de Naturgy, pen­diente del visto bueno po­lí­tico del Gobierno de Pedro Sánchez, ésta ha que­dado com­ple­ta­mente des­pe­jada. Y el mis­terio se ha acla­rado el día an­te­rior a un de­bate de con­trol par­la­men­tario sobre la opo­si­ción, sobre todo a la fac­ción a la iz­quierda del ga­bi­nete, en el que se pre­pa­raba una ba­talla con duras sos­pe­chas sobre la pri­mera en­tidad fi­nan­ciera es­pañola, Caixabank, y su re­ciente fu­sión con Bankia.

Con un 24,8% del capital, el principal accionista de la tercera energética española, CriteriaCaixa (que lo es también de la primera entidad financiera peninsular, CaixaBank), no sólo no acudirá a la oferta australiana, ya totalmente fuera de precio, sino que además ha reafirmado su voluntad de llegar hasta el límite del 30% previo al lanzamiento forzoso de una oferta pública. El objetivo está claro: reafirmar su voluntad de preservar, no sólo la españolidad de la compañía, sino el control político y societario para los intereses nacionales de una buena parte de las infraestructuras estratégicas y energéticas del país.

Isidre Fainé, el hombre fuerte de Criteria, ha vuelto a hacer de la necesidad (del Gobierno, en este caso, que se hubiese visto forzado a rechazar explícitamente la OPA), una virtud para los intereses sociales a largo plazo del grupo. Conviene recordar que CaixaBank, Naturgy y la Obra Social de la Caixa están estrechamente vinculados. De los más de 600 millones de euros que destina a fines sociales, y que son una parte de los dividendos percibidos por las participaciones societarias, casi 280 millones proceden de los dividendos de Naturgy.

Pero el factor estratégico es aún más decisivo, si cabe, aunque sea menos mencionado. Naturgy es propietaria de los dos gasoductos (Megaz y el del Estrecho) que unen los pozos gasísticos del norte de África, fundamentalmente en Argelia, con la Península. Además tiene una red de distribución de gas, al margen de la estratégica de Enagás, de importancia inigualable en casi todo el territorio español. Y además es propietaria de centrales de ciclo combinado de gas, necesarias para mantener la potencia del sistema eléctrico en caso de la paralización de las renovables por condiciones adversas, amén de participaciones en centrales nucleares decisivas mientras se mantenga su vida útil. Nada de eso podría quedar en manos o bajo control extra comunitario.

El Gobierno no ha tenido que decir no ni mojarse en un veto indeseable e innecesario. España tiene intereses constructores y de otro tipo en Australia y aunque no han sido bien recibidas en su día, sobreviven sin temor a represalias. Que se lo digan a la ACS de Florentino Pérez o las inversiones que planifican allí, en el frente de las renovables, empresas energéticas como Iberdrola y hasta quizá la propia Naturgy. Queda además la duda de la difícil situación en que quedaría el sector energético español, aunque la presencia en la segunda empresa, Endesa, es italiana y comunitaria por tanto.

El grupo Criteria/CaixaBank afrontaba además otra polémica en ciernes, sin duda de características gratuitas. La nueva Caixabank ha engordado, sin duda con su fusión con Bankia, hasta reforzar su liderazgo bancario dentro de la Península. Pero va a ser a un precio de difícil rentabilidad a corto plazo, al menos política. La necesidad del ERE en marcha, el debate de los sueldos de los altos cargos y la polémica de los dividendos futuros, han podido calar de alguna forma en la mesa del consejo de CriteriaCaixa, que sin duda ha tomado la vía más lógica en este momento.

Sin obviar, claro está, el hecho de que la OPA australiana, aunque muy barata en estos momentos, siempre es útil por la puesta en valor de la propia Naturgy, cuyos empleados y gestores han respirado más tranquilos esta semana. Y no por la vacunación frente a la pandemia, cada vez más cerca de la inmunidad de rebaño, y por lo tanto cada vez más próxima a la recuperación económica.

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