Muchos ges­tores paran las má­quinas en deuda y bolsa con la vista puesta en la in­fla­ción

Los mercados dudan de los bancos centrales y anuncian ruido a corto y medio plazo

En el caso de España, hay dudas sobre el re­levo en el parqué a los va­lores cí­clicos

Wall Street
Wall Street

Los mer­cados mun­diales se llenan de du­das. Hay ra­zones de peso para ello, si se tiene en cuenta que en 12 meses los grandes ín­dices bur­sá­tiles mun­diales acu­mulan subidas cer­canas al 50%. Eso sólo en las bol­sas, pero tam­bién hay ma­re­jada en la renta fija, las ma­te­rias primas o las tan de moda crip­to­di­vi­sas. Podría ser una cues­tión de simple mal de al­tura, pero el de­bate sobre el fu­turo in­me­diato va mucho más allá y coge in­ten­si­dad.

La gran cuestión es hasta qué punto pueden seguir los bancos centrales sobrecalentando la economía a base de políticas ultralaxas con fecha de caducidad cada vez más cercana. En Estados Unidos, que se ha puesto a la cabeza de la recuperación de las grandes economías, cada vez son menos los que creen a pies juntillas que la Reserva Federal va a cumplir con su promesa de que no habrá cambios en la agresiva política monetaria que riega de liquidez el mercado.

Y en Europa, el Banco Central Europeo (BCE) no se ha cortado a la hora de recuperar el término mítico de "exuberancia" para referirse al tema que muchos gestores del mercado temen pero quieren negar a corto plazo: ¿de qué dimensión sería el desplome de los activos de riesgo si se produce un alza potente de los tipos de interés? La pregunta escuece cada vez más porque la inflación aprieta donde más duele y reduce mucho la visibilidad a corto plazo.

"Que los precios hayan crecido un 4,2% interanual en Estados Unidos nos retrotrae a situaciones no vistas desde 2008, un año maldito en la historia de los mercados. Por más que la Reserva Federal quiera restar trascendencia al dato, lo cierto es que todos estamos alerta y tomando decisiones. No es una casualidad lo que está ocurriendo en el mercado de deuda a nivel global, con caídas muy significativas ya en los precios y una importante contracción de la demanda", señalan fuentes de mercado.

Que Alemania haya registrado la menor demanda de bonos en la emisión de 4.000 millones a 10 años de esta semana es la última demostración de que el dinero empieza a medir sus movimientos. Hay razones más que suficientes para entender la cautela que poco a poco empieza a extenderse por el conjunto de los mercados. Pero es sólo el comienzo de un movimiento todavía tapado por inmensa dosis de liquidez que atesoran las carteras y el conjunto del sistema.

"Bajamos la intensidad de las compras en bolsa, pero salir es otra historia. No hay alternativas si quieres conseguir rentabilidades significativas. Hay que aprovechar el último estirón de los valores cíclicos que más se pueden aprovechar del proceso de recuperación global. Pero somos conscientes de que los precios ya no son tan atractivos como hace seis meses. Ahora es mucho más difícil acertar", aseguran en una gran gestora española.

Una de las grandes preguntas es cuánta recuperación está recogida ya en los precios de los activos negociables. Y, en el caso de España, quién puede tomar el relevo de los bancos, las grandes estrellas del año cuyos precios ya entran en el concepto de "exuberancia" recuperado por el BCE. El mercado espera que los tipos empiecen a normalizarse en Europa allá por 2023. Y eso aboca a los bancos europeos a muchos más meses de sufrimiento por delante.

No es casualidad que la apuesta de los gestores por los bancos se haya disparado hasta los niveles más altos en 15 años y que, en el caso de las tecnológicas, se haya derrumbado hasta hasta mínimos de 2018. Hay muchos submercados por lo tanto dentro de un mercado general cada vez más difícil de interpretar. Aunque con algunos claroscuros, de momento continúa la fiesta de la liquidez en unos mercados que prefieren mirar hacia otro lado.

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