El país ve­cino tiene igual­mente ilus­tres ban­queros en manos de la jus­ticia

Portugal presume de tener sus mejores banqueros al servicio de entidades internacionales

Banco Santander tiene mucho que ver con el éxito de los nuevos ban­queros lusos

Portugal
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A los países en ge­neral -grandes, me­dios, pe­queños- les chifla ver a sus ilus­tres ciu­da­danos aca­pa­rando la aten­ción mun­dial. Los por­tu­gueses no son ex­cep­ción a la re­gla, pese a que su es­cuadra fut­bo­lera se ha te­nido que ir a casa de la Eurocopa pese a Cristiano Ronaldo. Pero los ni­veles de au­to­es­tima y de pa­trio­tismo se dis­paran mi­rán­dose al es­pejo, a través de la prensa, de aque­llos por­tu­gueses que triunfan en el mundo. Sobre todo si son ban­queros o em­pre­sa­rios y prestan sus ser­vi­cios, a falta de en­ti­dades lo­ca­les, en los grandes bancos o em­presas mun­dia­les.

Prueba de ello es Carlos Tavares, que salió de Renault para conducir el nuevo grupo Stellantys (PSA/Fiat Chrysler). Y más aún, quizás, el puñado de banqueros que acaparan la atención al frente de algunos de los mayores bancos mundiales.

El Grupo Santander lleva ya tiempo funcionando como punto de referencia para Portugal. A finales de abril confió la dirección ejecutiva de Santander España a António Simoes, de 46 años, que lleva más de media vida fuera de su país, en las grandes plazas financieras, donde se construyó la imagen de “Big Shot”, un hombre de mando. Ana Patricia Botín apostó por lo seguro. Simoes había integrado el grupo en setiembre de 2020, para hacerse cargo de la dirección y supervisión de la banca minorista y de la banca comercial en Europa, y que seguirá dirigiendo.

Muy joven

Cuando se fue de Portugal, con 22 años, Simoes estuvo un par de años en McKinsey, para volver ochos años después, como socio, con la experiencia adquirida desde 2000 en Goldman Sachs, con el estatuto de socio y prestando sus servicios a instituciones financieras de banca de inversión. Pero fue en 2015, tras pasar por Milán, la City londinense, la “Big Apple” neoyorquina y en Hong Kong, cuando entró por la puerta grande en HSBC, como CEO para Europa. Después aceptó el reto del Santander, tras dirigir la actividad de banca privada global de HSBC.

De baja estatura y sin apenas pelo, pero con una “ambición 100% positiva”, Simoes no tiene ningún tipo de complejos. Hasta el punto de asumir abiertamente su homosexualidad en un entorno tan conservador como la banca. De hecho considera que su preferencia sexual hizo que le fuera mejor gestor. Así, aunque sea uno de los ejecutivos de sus características más conocidos en el mundo, cuando cogió la dirección de la operación británica de HSBC (50.000 empleados y 25% de los ingresos del grupo), apenas tenía 37 años.

Fue a principios de año, cuando apenas llevaba unos pocos meses al frente de las operaciones de Santander Europa, que su nombre empezó a sonar en la prensa, como sucesor de Rami Aboukhair como CEO de Santander España, la tercera mayor entidad de Península por volumen de negocio. Un reto de alto voltaje que asumió con naturalidad, en un momento clave con el sector empeñado en dolorosas operaciones (reestructuración de plantillas, cierre de oficinas) y en fusiones de gran calado, como la realizada por CaixaBank y Bankia.

El figura Horta Osorio

Sin embargo, la gran estrella lusa de la banca sigue siendo Horta Osorio, cuya descubrimiento se atribuye a Emilio Botín, que en 1993 decidió confiarle la dirección del Santander Negocios (el embrión del actual Santander Portugal). Con 27 años, Osorio no era un novato en el sector. Había pasado tres años en CitiBank Portugal, donde alcanzó la vicepresidencia, y otro tres en las oficinas neoyorquinas y londinenses de Goldman Sachs, ejerciendo también altas funciones ejecutivas. Osorio solo dejó el grupo en 2010, para sanear y reestructurar el segundo mayor banco británico, LLoyds Bank, que estaba prácticamente fallido e intervenido por el Estado.

Horta Osorio es experto en solucionar problemas difíciles. Cuando aceptó el reto de Botín, cualquier iniciativa llegada de España provocaba recelos y sonaba a “invasión”. Toda la banca, había sido nacionalizada tras la revolución de los claveles (1974) y su reprivatización, iniciada en 1991, fue rocambolesca: pasó por turbios movimientos empresariales y financieros, con Mario Conde como protagonista, que llegó a hacerse con el 50% del Banco Totta & Açores (BTA), al margen de la ley, con acuerdos secretos que solo han salido a la luz años después.

Fue solo tras la absorción de Banesto por el Santander Central Hispano, cuando Emilio Botín entró en escena, contando ya con la ayuda de Osorio. El negocio quedó cerrado en junio de 1999, tras cinco días de negociaciones con António Champalimaud: el magnate luso, que cinco años antes había adquirido el BTA, recibió a cambio un 1,6% del Santander. “Portugal no es una república bananera” dijo el entonces primer ministro António Guterres. La operación quedó bloqueada, y para hacerse efectiva, Santander tuvo que acudir a Bruselas, que lanzó un ultimátum a Lisboa.

Osorio no solo consolidó la operación de Santander en Portugal, sino también el despliegue del grupo en Brasil, y con las mismas responsabilidades ejecutivas. Igual que a partir de 2006, cuando partió para Londres, donde asumió la dirección del Abbey National, que había sido adquirido por el Santander. Fue durante esa etapa, que duró cinco años, cuando el grupo español se hizo con dos otros bancos británicos –el Alliance Leicester y el Bradford & Bingley- dando lugar, entonces, al actual Santander UK.

Con toda la experiencia acumulada en el Santander, en 2010 Horta Osorio aceptó una misión de alto riesgo (con un salario anual de 8,3 millones de libras), durante la cual sufrió una severa depresión: la recuperación del LLoyds Bank que dos años antes había sido intervenido por el Estado, que a cambio de cuantiosas ayudas llegó a controlar el 43% del capital. Resultado: tras una dura reestructuración y el cierre de 600 oficinas, en 2017 anunció la devolución de los 20.300 millones de Libras inyectados por el Estado y un resultado neto de 600 millones.

Premiado con título de Sir

Desde hace unas semanas, el gestor portugués, que tiene también la nacionalidad británica, puede utilizar el título de “Sir”, vinculado a la Orden del Imperio Británico, con el grado de caballero, atribuido por la Reina Isabel II, por los servicios prestados a los contribuyentes. Para entonces, Osorio ya se había pasado al Crédit Suisse, como premier “chairman”, extranjero, para otra misión delicada: sanear la situación creada por el colapso del fondo Archegos, que provocó unos 5.000 millones de pérdidas y condujo al despido de altos ejecutivos del banco.

El caso de Nuro Torres Otro banquero luso que pasó por el Santander, y con 30 años de experiencia en el sector, es el nuevo máximo responsable de la banca privada y gestión de fortunas de HSBC, Nuno Matos, que cogió el relevo de Charly Nunn, que se había pasado al LLoyds para cubrir la salida de Horta Osorio. A principios de 2019, el Santander llamó a otro portugués para conducir una importante y necesaria revolución tecnológica: Henrique Castro, que pasó por Google, Yahoo Dell… y que fue nombrado consejero independiente, sucediendo a Juan-Miguel Villar Mir.

Otra rampa de lanzamiento habitual para los portugueses que según la prensa nacional “dan cartas en el extranjero”, es Goldman Sachs: su “chairman internacional” es el ex premier ministro luso y ex presidente de la Comisión Europea Durao Barroso; desde enero 2021, tiene como “partner” a José Barreto, que desde 2008 actúa como director general de la banca de inversión; y en 2014, el ex ministro Jose Luis Arnault fue el primer portugués a entrar en el consejo ejecutivo del gigante norte-americano, sucediendo al ex PM italiano Mario Monti.

En todo o caso, la buena imagen general de los banqueros portugueses que triunfan en el extranjero, contrasta con la imagen negativa de aquellos otros que estuvieran largo tiempo haciendo todo tipo de trampas en la banca nacional. El mejor ejemplo, sin lugar a duda, es Ricardo Salgado, conocido popularmente como “DDT” (el dueño de todo), hasta que condujo a la ruina el Banco Espirito Santo y el imperio familiar del mismo nombre. Ahora está en manos de la Justicia -igual el ex primer ministro socialista José Sócrates, que fue su principal “socio colaborador”.

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