ANÁLISIS

La economía mundial se despereza y España aguanta

Crecimiento eco­nó­mico muy con­so­li­dado en Estados Unidos y China

Benidorm.
Benidorm.

Pronósticos sobre la eco­nomía global de cau­te­losos eco­no­mistas con los pies en el suelo, la ca­beza fría y arries­gando su di­nero, como M. El Erian. Sus pre­vi­sio­nes, me­ri­dia­nas: cre­ci­miento global de las eco­no­mías desa­rro­lla­das, in­fla­ción tran­si­toria y un com­por­ta­miento más que amis­toso por parte de los Bancos Centrales. España, ex­tra­va­gante reac­ción frente a los in­dultos del go­bierno de Sánchez, mien­tras la vi­sión desde la ven­tana, o desde la ven­ta­nilla del au­to­móvil es bien dis­tinta.

España está en marcha. Costa Blanca levantina, un Benidorm alabado y ponderado por el crítico de arquitectura y diseño del Financial Times. En la pasada década de los 60, un alcalde, Pedro Zaragoza, inició la conversión de una localidad pesquera, con unas playas más que envidiable, en un centro turístico que atraería multitud de viajeros europeos y españoles. La avalancha reclamaba alojamientos.

Rascacielos que hacen de Benidorm la ciudad con un índice de altura por habitante más alto del mundo. Altas torres de estilo “brutalista”, Edificio Neguri, o réplicas de Oscar Niemayer, Torre Copablanca 3.

Calpe junto al Peñón Norte (Ifach) así llamado por los marineros para diferenciarlo del Peñon Sur (Gibraltar). No es una réplica de Benidorm, pero sí parecida. Bella carretera litoral hacia Moraira donde las construcciones son ya chalets de dos plantas como altura máxima, residentes extranjeros y nacionales más exigentes. Supermercados locales que ya quisieran para sí los de la costa mediterránea francesa.

La gamba roja a 118€ el Kg, y el sabroso langostino ya cocido peruano a 14€. Restaurantes y chiringuitos, camareros fijos y a tiempo completo, granadinos, alicantinos, pero también alemanes o nórdicos. Escasez de mano de obra local.

Naturalmente, y como es más que bien conocido, buenas carreteras locales, y esas autopistas-autovías, que unen el centro con la periferia y se extienden, todas ellas gratuitas, a lo largo de la costa hasta la frontera francesa. Una excelente infraestructura, playas con banderas azules, aguas cristalinas, comida de primera a precios muy razonables.

Crecimiento económico muy consolidado en Estados Unidos y China. Optimismo al alza sobre Europa, más firme ahora que hace unos meses. A la vez, alta convicción de los canalizadores de fondos sobre el comportamiento expansivo de los Bancos Centrales. Y todo ello sin dejar de lado una cierta preocupación por la evolución de los precios. Factores estructurales como es la creciente demanda de bienes y lagunas de mano de obra cualificada por el lado de la oferta.

Preocupación así mismo por los retrasos emotivos y racionales de las autoridades y políticos al asalto del poder. El largo período de estabilidad de precios, deflación incluso, es una poderosa simiente intelectual y emocional a la hora de prever acometidas inflacionistas.

En definitiva, perspectivas sobre el futuro que, como decía Aitor Esteban en el debate querella parlamentaria, no tienen ningún reflejo en las preocupaciones de la derecha política y tampoco en la independentista. Ahí siguen encerrados en sus castillos con el puente levadizo bien alzado

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