ANÁLISIS

Los em­pre­sa­rios es­ta­dou­ni­denses que re­ci­bieron al jefe del Gobierno son de primer nivel

Hasta el Gobierno duda de los resultados invisibles del viaje de Sánchez a Estados Unidos

El pre­si­dente pro­mete be­ne­fi­cios y la vi­ce­pre­si­denta se­gunda ad­vierte de que pa­garán más im­puestos y con re­forma la­boral

Joe Biden
Joe Biden, el ausente.

No ha ha­bido ningún acuerdo ni anuncio re­le­vante que rea­lizar tras el ma­lo­grado viaje a Estados Unidos del pre­si­dente del Gobierno, Pedro Sánchez. El viaje ha es­tado ro­deado de enormes errores en ma­teria de co­mu­ni­ca­ción, además de im­por­tantes in­con­gruen­cias en los men­sajes lan­zados a los in­ver­sores in­ter­na­cio­na­les. La más lla­ma­tiva ha sido la rec­ti­fi­ca­ción de la vi­ce­pre­si­denta se­gunda del Gobierno y mi­nistra de Trabajo y Economía so­cial, Yolanda Díaz, al propio pre­si­dente.

Mientras Sánchez prometía beneficios a los inversores extranjeros y fijaba que la prioridad en España es la recuperación económica antes que una reforma fiscal, su vicepresidenta segunda aseguraba que los fondos deben pagar más impuestos y que habrá reforma laboral.

Si ya es un sinsentido que dos miembros tan destacados de un mismo Gobierno difundan mensajes tan distintos, todavía lo es más que esto se haga mientras el presidente del Ejecutivo estaba de viaje, en el exterior, tratando de atraer fondos de inversión a nuestro país. Los invitados no eran unos cualquiera.

Nada de fondos bajistas

Aunque Sánchez no ha conseguido en esta ocasión que le recibiera el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, la nómina de los empresarios e inversores contactados no se puede negar que han sido de primerísimo nivel, aunque, según fuentes empresariales, ha sido un error del Gobierno no haber tratado de contactar también con los representantes de los fondos bajistas, los ‘hedge funds’, que más han apostado en contra de la economía española.

Al margen de las ausencias, la presencia de primeros espadas tanto del ámbito financiero como empresarial hacen más grave esta discrepancia entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. En primer lugar, se vio en la Oficina Económica y Comercial de España en Nueva York con representantes de Ares Management Corporation, Bank of America, Blackstone, Bank of New York Mellon, Brookfield Asset Management, Rokos Capital Management, JP Morgan, LCatterton Partners, Lone Star Funds, Morgan Stanley, Providence Equity Partners, Soros Fund Management, Wellington Management Group y AmCham Spain.

Además, el presidente del Gobierno tuvo otros dos encuentros en privado con el objetivo de atraer la inversión de sus grupos financieros, insistiendo en que el momento de hacerlo es ahora que van a llegar recursos extraordinarios de la Unión Europea para reconvertir la economía española con una modernización sin precedentes. Por ello, mantuvo un encuentro con Michael Bloomberg, para hacerlo con posterioridad con Larry Fink, consejero delegado de BlackRock.

Se trata del mayor gestor de fondos del mundo, que cuenta en España con inversiones significativas en más de la mitad de las empresas del Ibex. En concreto está en más de 20 grandes empresas cotizadas españolas de los sectores financiero, energético y de telecomunicaciones de los que en algún caso es primer o segundo accionista.

Pese a esta incongruencia de mensajes entre presidencia y Trabajo, Moncloa ha calificado de muy exitoso el viaje pese a que todo ha quedado en que los fondos se han mostrado “muy interesados” en las oportunidades que pueda ofrecer España en los ámbitos de la economía verde, digital, industrial y de formación. Intereses expresados de forma muy vaga en términos generales.

Lo que fueron más concretas son las preocupaciones expresadas por los empresarios estadounidenses al presidente del Gobierno por las reformas laboral y fiscal que vienen negociando los representantes del partido socialista con los de Unidas Podemos.

Tras tratar Pedro Sánchez de tranquilizarles asegurando que es ahora el momento de invertir y que les irá muy bien si lo hacen, solo unas horas más tarde, la vicepresidenta segunda, ministra de Trabajo y Economía Social, señalaba muy enérgicamente, casi enfadada, al ser preguntaba sobre estas palabras de Sánchez, que “su preocupación” está con los trabajadores que han perdido sus derechos o con los parados.

Añadía Díaz que “los fondos de inversión están en el mundo para ganar dinero y los gobiernos, sobre todo los progresistas, están para mejorar la vida de la gente". No era la única puntualización al presidente del Gobierno pues les advertía a través de los medios de que la reforma laboral se tiene que llevar a cabo y que los inversores extranjeros deben pagar "más impuestos".

Como respuesta al esquema de actuación presentado por el presidente del Gobierno a los fondos en el que les ofrecía el caramelo de que obtendrán beneficios si invertían, Yolanda le corregía asegurando que nosotros “estamos en este Gobierno para cambiar esto, no para mejorar la rentabilidad de los fondos de inversión ni en mi país ni en el mundo".

Promesas no desveladas

Seguro que en los próximos días el presidente aclarará a la opinión pública qué es lo que ha prometido a los fondos y qué es lo que le dejará hacer su vicepresidenta segunda del Gobierno. Si Unidas Podemos retirara su ayuda a Pedro Sánchez, difícilmente podría seguir adelante un Gobierno socialista con una minoría de tan solo 120 diputados.

Pese a lo inusitado del caso, no parece que Sánchez vaya a tomar ninguna decisión que ponga en riesgo su permanencia en Moncloa. Como la Diputación Permanente ha rechazado la petición de comparecencia del presidente del Gobierno y de 12 ministros como pedía el Partido Popular, no habrá lugar a que la situación se aclare en el Parlamento.

Este fallido viaje, con imágenes de Sánchez y su séquito por Nueva York merecedoras de una parodia de Berlanga, tiene una insípida conclusión personal del propio presidente, según el cual ha logrado situar a España en el radar de los inversores de los fondos de inversión a medio y corto plazo. ¡Qué ilusión! Como si quienes se juegan cientos de miles de millones de dólares no supieran utilizar su propio radar.

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