OPINIÓN

Viaje exprés y homenaje a Cataluña con Banca Catalana y sanidad privatizada

Esta au­to­nomía va por libre con la in­di­fe­rencia de sus clases me­dias y bajas

Manifestaciones en  Cataluña
Manifestaciones en Cataluña

Primera im­pre­sión de G. Orwell, “Homage to Catalonia”. Cuartel Lenin, Barcelona. El joven vo­lun­tario ita­liano anal­fa­beto in­capaz de leer un mapa dis­puesto a dar su vida por cual­quier com­pañero. Contraste con la des­crip­ción de Jordi Amat, “El hijo del chó­fer”. Avaricia y en­ri­que­ci­miento. Banca Catalana y pri­va­ti­za­ción de la Sanidad Pública. La so­li­da­ridad por el pró­jimo con­ver­tida en un afán des­me­su­rado de lucro en­vuelto en el manto del in­de­pen­den­tismo. ¿Las clases me­dias y bajas se re­sisten a leer el mapa?

El AVE conecta las cuatro capitales catalanas con trayectos de 30 minutos. Estaciones en el centro de Barcelona o Gerona y el correspondiente coste de los túneles . Desde las ventanillas de la alta velocidad se muestra un paisaje de tierras bien cultivadas, masas forestales, salpicado de instalaciones industriales.

Estación “Campo de Tarragona”. EL Penedés con sus enormes extensiones de vides tratadas con el mismo primor que las francesas de Burdeos. Eso sí, dificultad para encontrar el soberbio acueducto tarraconense. Google no tiene noticias de la construcción romana, solo se encuentra bajo el nombre de “Puente del Diablo”. Ninguna indicación en las autovías.

Por otro lado, bellos monasterios cistercienses Poblet y Santas Cruces. Aquellos monjes adelantados de la Cristiandad que además de rezos eran hábiles labradores y competentes albañiles y arquitectos.

Como curiosidad y en lo alto de una colina cerca de Montferri un santuario modernista de un colaborador de Gaudí, Jujol. Un homenaje a Montserrat. Merece una visita.

Restauración catalana, excelente presentación y comida, mientras los servicios de transportes, entre otros, son protagonizados por charnegos andaluces, extremeños o murcianos, más conectados con el mundo contemporáneo.

Chiringuitos playeros a rebosar. Optimismo de encargados y camareros. La clientela ha batido todas las expectativas. Museo de artes plásticas en la colina barcelonesa de Montjuic.

El pabellón central de la exposición universal es hoy un excelente museo con colecciones medievales, una generosa muestra de la Renaixença. Y como curiosidad un autorretrato de Ramon Casas, el gran pintor de la burguesía catalana de la época, vestido de joven jinete andaluz. ¿No había prejuicios entonces para el atractivo del Sur?

Girona con su moderna estación del Ave y su judería medieval. Un escaparate con 150 ediciones de El Principito y una tienda judaica con un regente aragonés tocado con su kepa.

Rambla de Cataluña menos florida y una Costa Brava con sus maravillosas calas y paisajes. Colas para entrar en la cala de Aiguablava. Solo entran bañistas cuando salen otros. Personal disciplinado y aguas turquesas.

Algún comentario de pasada sobre la repatriación de los menores marroquíes desde Ceuta. Aprobación de las devoluciones. A la salida de Girona, un coche alquilado, vacilaciones de mi mujer sobre qué camino tomar. Y en plena duda, un sonorísimo insulto de un conductor local: “mora de mierda".

Ningún otro incidente desagradable y, por el contrario, no tantas, como yo esperaba, esteladas en los balcones o mensajes independentistas.

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