OPINIÓN

España, en Afganistán, rinde cuentas a los compromisos con Estados Unidos

Biden cede ante el pacto que al­canzó Trump con los ta­li­banes y que el ex pre­si­dente ahora cri­tica

Trump y Biden.
Trump y Biden.

La re­ti­rada de las tropas es­ta­dou­ni­denses y junto a ellas los con­tin­gentes menos nu­me­rosos de otros países de la OTAN han re­cor­dado el fra­caso del res­cate de los miem­bros de la em­ba­jada es­ta­dou­ni­dense en Teherán. También al ar­mis­ticio que puso fin a la guerra de Vietnam hace casi 50 años. En la ca­pital iraní, el en­tonces buen pre­si­dente Carter salió mal pa­rado de cara a las elec­ciones pre­si­den­cia­les. Las per­dió. Entonces, tam­bién, la eco­nomía de los EEUU no pa­saba por su mejor mo­mento.

La salida de las tropas se acordó en Doha en 2020 por el presidente Trump y los representantes talibanes. El gobierno de los Estados Unidos firmó un compromiso para la retirada de sus soldados. Un compromiso suscrito por su Presidente, Donald Trump, que ahora y ante la retirada de las tropas no tiene ningún recato en reafirmar que esta acción es “mejor calificarla de rendición”.

La OTAN (Occidente) capitaneada por los Estados Unidos ha vuelto a fracasar en el continente asiático. 20 años de guerra en Afganistán con un gasto del orden de los 2 billones de dólares no ha servido para construir un Estado democrático. La corrupción ha tenido un papel destructivo en ese intento mientras los soldados afganos, contrariamente a la afirmación del presidente Biden, “falta de determinación para el combate”, han sufrido entre 2015 y 2020 bajas del orden de 45.000 combatientes. El numero de muertos estadounidenses, recuerda Emile Simpson (oficial de infantería británico destacado en Afganistán) fue de 2.500 soldados.

El colapso del ejército afgano no solo fué debido a una baja de moral combatiente sino también consecuencia de la perdida de efectivos y la retirada del soporte logístico y armamentístico del aliado estadounidense; sin olvidar, tampoco, la huida vergonzosa de los dirigentes afganos.

La organización de la retirada estadounidense no es fácil de comprender. No se ha planeado la evacuación de las tropas y de los colaboradores afganos cuando ya se sabia la fecha de salida. Muchos han quedado abandonados a su suerte.

Lo que comenzó como una operación de represalia por el ataque a las Torres Gemelasj junto al propósito, o pretexto, de construir en Afganistán un régimen democrático ha terminado en un fracaso que, a su vez, estimulará a los terroristas islámicos. No se ha construido una democracia mientras las empresas estadounidenses colaboradoras en el proyecto han podido estar, en gran medida, más interesadas en gestionar los fondos presupuestarios estadounidenses que en la construcción de un país democrático y una economía de mercado.

Contribución española: modesta y honorable y finalmente una evacuación de colaboradores y ciudadanos afganos que han merecido el reconocimiento de las autoridades europeas y estadounidenses. No vienen a cuento esas críticas de la oposición al gobierno de España. Ensañamiento y falta de patriotismo.

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