Se con­firma la fuerte de­manda de vi­viendas uni­fa­mi­liares por la per­sis­tencia del Covid

Los visados de obra nueva también apuntan a la normalización del inmobiliario

Hay ra­zones para pensar que el mer­cado vol­verá en 2022 a los ni­veles pre­pan­demia

Inmobiliario
Inmobiliario, viviendas unifamiliares.

Se acu­mulan los datos que apuntan a la pau­la­tina nor­ma­li­za­ción del mer­cado in­mo­bi­liario es­pañol. El úl­timo se re­fiere a los vi­sados de di­rec­ción de obra nueva, que tras un parón obli­gado por la in­cer­ti­dumbre desatada por el Covid-19 em­piezan a re­cu­perar las cons­tantes vi­ta­les. Si nada se tuerce y la va­riante delta no sube de ve­lo­cidad y en­tor­pece hasta ni­veles in­sos­pe­chados la ba­talla contra la pan­de­mia, hay ra­zones para re­cu­perar los ni­veles de 2019.

¿Qué dicen las cifras hasta el mes de mayo del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana? Por un lado, que los visados han crecido un 20% respecto en los cinco primeros meses del año respecto al mismo período del año pasado y un 36% sólo en mayo respecto al mismo mes de 2020, cuando el parón de la actividad ya era casi total. Dos buenas noticias que sin embargo exigen una lectura mucho más sosegada para intentar sacar conclusiones de por dónde van las tendencias en el mercado de vivienda.

La primera lectura es que la demanda de viviendas unifamiliares es un seguro de vida para el mercado de vivienda español. En las grandes capitales, las familias continúan el progresivo proceso de salida hacia zonas alejadas no más de 15 ó 20 kilómetros de la almendra central. Que el Covid-19 siga azotando mantiene vivo un movimiento que según los expertos se va a mantener muy fuerte al menos durante todo lo que queda de año.

Hasta mayo, 10.639 de los casi 42.000 nuevos visados concedidos este año corresponden a viviendas unifamiliares. La cifra es casi un 40% más alta que en los cinco primeros meses del año pasado y demuestra cómo están cambiando las preferencias de los compradores españoles de casas. Ahora se demanda un producto más amplio, de alta calidad, con espacios abiertos y exteriores, y bien comunicado con el centro de las grandes ciudades.

"Hay mucha más oferta que demanda de este tipo de viviendas. El año pasado se paró una producción que ya de por sí era relativamente pequeña por el efecto del Covid-19. Muchas promotoras han retomado los proyectos y han iniciado otros nuevos, pero no será suficiente para cubrir las peticiones crecientes de viviendas unifamiliares. Hay actividad garantizada por lo menos para los dos próximos años", señalan fuentes del sector.

Fuerte demanda

También destaca el fuerte crecimiento superior al 40% en la comparación interanual de los visados de obra nueva para productos que no son ni viviendas unifamiliares ni en bloque. Por lo tanto, el mercado está muy vivo, muy activo y volviendo a la velocidad de crucero después de un 2020 en el que se produjo la extraña circunstancia de que se iniciaron menos viviendas nuevas de las que se iniciaron. Otra vez la pandemia estaba detrás de este desajuste.

"Hay un elemento clave, que es la financiación.La banca sigue ofreciendo hipotecas a precios de derribo en algunos casos, y eso avala que el mercado mantendrá el vigor a corto y medio plazo. Las promotoras necesitan la garantía de que los compradores podrán conseguir financiación barata, una posibilidad que en estos momentos está abierta de par en par. Y así seguirá salvo un giro dramático de los acontecimientos", señalan en una gran promotora.

Por lo tanto, todo parece preparado para que el mercado acelere en la segunda mitad del año y pueda recuperar los niveles anteriores al estallido de Covid. El objetivo son los algo más de 100.000 viviendas iniciadas a lo largo de 2019. Pero ahora hay otras reglas del juego que apoyan el crecimiento: la demanda sin precedentes de viviendas unifamiliares por un lado. Y, por otro, el mantenimiento de las hipotecas en niveles muy, muy asequibles.

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