BOLSA

La inflación, una amenaza real para la renta variable

Activos de alto riesgo como las crip­to­mo­nedas tam­bién pueden ejercer de valor re­fugio

El tér­mino in­fla­ción pro­cede del latín in­fla­tio, uti­li­zado por los ro­manos para hacer re­fe­rencia a la in­fla­ma­ción de los in­tes­ti­nos. Con el tiempo y con la ayuda an­glo­sa­jona, el tér­mino dio el salto a la eco­nomía para re­fe­rirse a la subida de los pre­cios. Y es que, en reali­dad, el en­ca­re­ci­miento de la cesta de la compra se ha con­ver­tido en un ver­da­dero dolor de in­tes­tinos para el común de los mor­ta­les.

En estos días, los españoles hemos conocido que el IPC del mes de agosto, normalmente favorable por aquello de las rebajas, ha subido cuatro décimas de punto. Esta subida ha disparado la tasa anual de los precios del 2,9% del mes anterior al 3,3%. Se trata de la inflación más alta en España en una década, cuando el objetivo de Gobierno era cerrar el año con un incremento del 2%.

La culpa de este desfase, dicen, la tienen las materias primas y, en especial, los altos precios de la energía eléctrica, del gas y del petróleo. A ello se han sumado los incrementos experimentados por otras materias primas como el cobre o la madera. Las autoridades económicas buscan tranquilizar al personal asegurando que estas subidas serán pasajeras y no tendrán un impacto persistente ni en nuestros bolsillos ni en la economía en general.

Para ello se están empezando a barajar fórmulas para reducir, entre otras cosas, el recibo de la luz que se ha multiplicado casi por tres en el caso de la tarifa regulada. Ya sea mediante una reformulación de la forma de fijar los precios o, lo más razonable a corto plazo, el recorte de las tasas fiscales asociadas a la tarifa eléctrica.

No en vano, pese a la rebaja del IVA al 10% hasta final de ejercicio, el fisco español recaudará en 2021 casi un tercio más por este concepto.

En este contexto, crece el número de analistas que alertan de un posible efecto más estructural y crónico de los precios que puede afectar a la competitividad y a los beneficios de las empresas españolas. Hay quien incluso alerta de un parón en el proceso de recuperación que dé paso a una fase de estancamiento, situando a la economía ante uno de sus peores fantasmas, la estanflación.

Un oscuro panorama a corto y medio plazo que desde luego puede suponer una inflamación de intestinos para ciudadanos y empresas. Lo más natural en este caso es reducir posiciones en la renta variable y buscar valores refugio en activos como el oro o los bonos de Estados Unidos o Alemania para defender la rentabilidad de la cartera y proteger los ahorros frente a posibles pérdidas de valor adquisitivo.

Hay quien piensa que, en la actualidad, activos como las criptomonedas también pueden ejercer de valor refugio. Sin embargo, los más chapados a la antigua no creen que sea una buena opción en tiempos de incertidumbre porque, probablemente, añaden más volatilidad y su valor es más un activo especulativo que de refugio.

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