OPINIÓN

Guerra en Ucrania y Europa: el dilema de las sanciones en los intercambios comerciales

China y Rusia afirman que la vic­toria de los ta­li­banes es el pre­ludio de una nueva dis­tri­bu­ción de fuerzas

Tropas de Ucrania
Tropas de Ucrania

El con­ten­cioso ucra­niano y las san­ciones ame­na­zantes si se pro­duce la in­va­sión de­vuelve al mundo a los tiempos de una guerra fría cada vez más ca­liente. Rusia ame­naza y se la­menta de que la Alianza Atlántica haya cons­truido un cordón sa­ni­tario al­re­dedor de sus fron­te­ras. Polonia, Chequia y Hungría son miem­bros de la OTAN así como los tres países Bálticos. Ucrania ce­rraría el cerco.

Gideon Rachman, comentarista político del Financial Times, se hace eco de un nuevo orden internacional. La hegemonía anunciada por Fukuyama a raíz de la caída del muro de Berlín, un sistema capitalista hegemónico, no se ha cumplido. China y Rusia rechazan la “unipolaridad” y la “universalidad”.

Unipolaridad bajo hegemonía estadounidense como único superpoder capaz de organizar una coalición global para acabar con Sadam Hussein. Una superpotencia que responde a la destrucción de las Torres Gemelas invadiendo Afganistán.

China y Rusia afirman que la victoria de los talibanes es el preludio de una nueva distribución de fuerzas. Un orden multipolar que rechaza esos movimientos de “colores” en los países de gestión totalitaria. China y Rusia rechazan que las democracias liberales sean el único faro que ilumina las batallas de ideas. Hay diferencias culturales y distintas civilizaciones, todas ellas forman parte del desarrollo global y de la convivencia universal.

Sanciones o guerra

EEUU amenaza con sanciones si hay invasión y Europa se suma, aunque surgen multitud de reservas en sus Estados nacionales. En efecto, Rusia ha sido y es Europa.

La Revolución bolchevique y el estalinismo provocaron un cortocircuito. El hundimiento del muro de Berlín permitía la unificación de Europa, como ocurrió con las dos Alemanias. Sin embargo, el fracaso de Gorbachov y el cordón sanitario tejido por la OTAN iba a estimular la llegada de un ex miembro de la seguridad soviética, Vladimir Putin, a la presidencia de esa nueva Rusia. La coartada de las amenazas occidentales facilitó la construcción de un nuevo totalitarismo en una supuesta economía de mercado.

Las diferencias políticas entre Rusia y Europa no han impedido un florecimiento de los intercambios económicos. Los deportistas rusos compiten en los torneos europeos sin que nadie medianamente cultivado pueda decir que no son europeos, escritores que van desde Dostoievski y Chejov a Pasternak y Solzhenitsyn, músicos como Tchaikovsky o Stravinsky así son considerados también.

No hace más de diez años que Rusia y China eran “amigos” irreconciliables. El chiste soviético es el mejor reflejo de aquella amistad comunista: ”Camarada, millones de ciudadanos chinos llegados a la frontera de la URSS, solicitan un visado de entrada. El Comité Central de nuestro partido continúa reunido en sesión permanente estudiando la petición”.

Europa sufrirá las sanciones impuestas a Rusia. ¿Qué le impide a Ucrania proclamarse libremente neutral, sin pérdida de su soberanía, al igual que Finlandia y Suecia?

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