Hay pe­queños avances en todos los fren­tes: po­lí­ti­cas, pre­cios, gue­rra…

Las bolsas ganan razones para firmar un buen final de 2022

Los in­ver­sores per­ciben que lo peor del ajuste mo­ne­tario ha pa­sado

Bolsa española.
Bolsa española.

Hay un nada di­si­mu­lado sen­ti­miento de alivio en las bolsas eu­ro­peas. Y hay buenos mo­ti­vos. Gestores y ana­listas ven como se em­pieza a es­bozar un ca­mino cada vez menos an­gosto para in­tentar salvar un año bur­sátil muy ve­nido a menos desde marzo. En el caso de España, el re­bote del Ibex 35 su­pera ya el 10% desde los mí­nimos del año. ¿Hay po­si­bi­lidad de rally de fin de año y de que el se­lec­tivo acabe el año en po­si­tivo?

En este punto, sólo hay dos hechos que parecen incontestables y que están íntimamente unidos. Por un lado, el mercado tiene que digerir primero la reacción desde el mismísimo suelo hasta las puertas de los 8.100 puntos. Toca consolidar primero un soporte, el de los 8.000 puntos, que ya demostró ser muy duro de roer en septiembre. Pero también es cierto que las cosas han cambiado bastante.

Entre otras razones, porque desde entonces hasta ahora los bancos centrales ya han ejecutado potentes subidas de tipos de interés, porque la inflación en Estados Unidos ha mostrado los primeros signos de mejora -aunque el paciente sigue grave-, porque los demócratas han salvado el Senado estadounidense y se rompe el miedo a un bloqueo político y porque China se empieza a sumar al debate sobre la guerra de Ucrania.

Ninguno de estos factores se expresa todavía de forma muy contundente. Se trata de avances pequeños, dentro aún de un marco de enorme fragilidad pero que, sumados, dan para pensar que la bolsa se puede garantizar un marco de relativa tranquilidad hasta el cierre de 2022. Si no hay cisne negro de por medio -aumento de los combates en Ucrania tras el repliegue ruso en Gerson o un nuevo mal dato del inflación- que haga saltar todo por los aires, todo parece indicar que la puede seguir disminuyendo la aversión al riesgo.

Selección de carteras

“Gestores que hasta ahora estaban fuera de la bolsa empiezan a destinar el 5% ó el 10% de sus carteras a acciones. Entienden que lo peor de la subida de tipos y de la inflación ya ha pasado. Eso no quiere decir que el mercado bursátil no vaya a sufrir nuevos ajustes duros, pero la realidad es que los inversores detectan que hay oportunidades históricas en valores muy buenos a las que ya no se puede renunciar”, señalan un veterano bolsista.

Efectivamente, el sentimiento de mercado está cambiando, aunque muy poco a poco. Habrá que estar muy atentos a los últimos datos del año de inflación, crecimiento económico y empleo a uno y otro lado del Atlántico para confirmar la mejoría. Pero todo parece indicar que ni la Reserva Federal ni el BCE van a necesitar subidas de tipos de tipos de más de 50 puntos básicos en sus respectivas reuniones de diciembre.

Otra cosa es que el mercado tenga cartas suficientes en la mano para protagonizar un rally. Primero, porque ya ha subido más de un 10% desde mínimos. Y, segundo, porque el mercado ha sobrecomprado valores que estaban muy castigados por su alto endeudamiento desde el último dato de inflación en EEUU. Hará falta un relevo al frente de las subidas para que el mercado pueda recuperar la caída del 6% acumulada en el año.

“Los bancos pueden ser el principal apoyo, al menos en la bolsa española. Se han quedado muy rezagados este mes y lo normal sería un rebote desde los actuales niveles siempre que no haya grandes sorpresas negativas”, señalan fuentes bursátiles. Pero entre los agentes del mercado hay mucha contención al debatir sobre un posible rally, porque todo parece estar cogido con alfileres. Hay mucha fragilidad en todos los ámbitos.

Pero sí parece que hay margen suficiente para que, aunque sin excesos, los gestores puedan maquillar sus carteras en las próximas seis semanas. “Pero sin bajar la guardia en ningún momento”, explican en la mesa de operaciones de un gran banco, porque “la volatilidad va a seguir siendo extraordinaria. Vendrán momentos de euforia y luego de depresión y al contrario, sin solución de continuidad”. En pleno ajuste de tipos de interés, el parque sigue siendo un polvorín. Pero de momento, parece haber tregua.

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