OPINIÓN

Intervención: salario mínimo, impuestos y alquileres más regulados

Potenciar sa­la­rios más ele­vados se ex­tiende desde España a EEUU pa­sando por el Reino Unido

Alquileres
Alquileres

El Gobierno de España no sólo se con­tenta con la apro­ba­ción por ca­ram­bola de la Reforma Laboral, sino que con prisa y sin pausa aprueba una subida, mo­desta pero subida, de 35 eu­ros, del sa­lario mí­nimo.

En otras latitudes, en el Reino Unido concretamente, el Banco de Inglaterra subraya el escaso crecimiento de los salarios reales en los últimos 70 años. Coincide esta caída de las rentas salariales con una subida de los precios de importación, alimentos entre otros, así como un avance descomunal del coste de la electricidad y los carburantes.

En los Estados Unidos, paradigma de la economía de mercado, el presidente Biden anima a los empresarios a subir las retribuciones de los trabajadores, a la vez que estimula el robustecimiento de los sindicatos. La afiliación sindical después de muchos años de estancamiento se recupera precisamente cuando escasea la población activa con vocación trabajadora.

Las estrategias gubernamentales diseñadas en España o en otras latitudes para compensar la subida de los precios de la energía, subidas que los gobiernos no controlan, mediante bonificaciones u otros tipos de ayudas fiscales corren el riesgo de incrementar los déficits presupuestarios.

Corregir el déficit mediante subidas de impuestos, como sugiere Podemos, entraña una serie de riesgos cuyas consecuencias son difíciles de evaluar: menores incentivos para la actividad productiva, paralización de las inversiones, estrategias de evasión fiscal y, finalmente, contracción de la demanda doméstica. Alarmas todas ellas en plena consolidación de una recuperación que no necesita frenos ni obstáculos.

Amenazas de otro tipo como la regulación de los alquileres en un país, España, con un déficit precisamente de viviendas de alquiler; déficit que responde a una tradición histórica cuyas raíces se consolidaron durante el régimen intervencionista de Franco. La España Nacional Socialista con sus códigos laborales, Trabajo, Fuero de los Españoles, proclamaba aquello de “ningún español sin lumbre”, Casas para todos. La medida estrella fue la congelación de los alquileres. Nuestro vecino Portugal bajo la dirección de Salazar ya se había adelantado.

El Madrid o la Lisboa de entonces sometidos a esas normas imperativas vieron cómo se deterioraba el parque inmobiliario. El centro de las ciudades experimentó una fuerte degradación. Una gran diferencia entre aquellos inmuebles degradados y la restauración qué siguió a la ley Boyer que liberaliza la contratación de los alquileres.

En la boyante Europa de la preguerra, Praga y Budapest, Varsovia y Bucarest, se puso de manifiesto cómo la regulación totalitaria provocaba el deterioro de todo tipo de inmuebles. Apenas se construyeron viviendas. La solución adoptada por esas economías totalitarias de dirección centralizada consistió sencillamente en realojar a varias familias en una sola vivienda. La vivienda familiar era ahora una vivienda compartida. Soy testigo presencial.

Indicios sobre la contención de la Covid a la vez que la inflación se perfila como una nueva amenaza. Los salarios pierden capacidad adquisitiva. Las vacunas han hecho su tarea y ahora necesitamos otro tipo de remedios. Una política económica para armonizar recuperación y estabilidad. Nada de experimentos con gaseosa cómo advertía Eugenio Dors al gobierno intervencionista del Generalísimo. Atención al por qué la economía española mantiene sus constantes vitales. Crece el empleo e incluso la Bolsa avanza más que otras bolsas europeas o Wall Street.

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