La in­fla­ción media de la Eurozona se en­cuentra en el 5% y sigue su­biendo

España, Italia, Portugal y Grecia sufrirán más un cambio en la política monetaria del BCE

La subida de los tipos de in­terés y la in­fla­ción en­ca­re­cerán el coste real de la deuda

El BCE.
El BCE.

La in­fla­ción ha des­en­ca­de­nado un mo­vi­miento sís­mico de con­se­cuen­cias im­pre­vi­si­bles en las eco­no­mías de todo el mundo. Mientras en los Estados Unidos, la Reserva Federal lleva meses de­ba­tién­dose entre el parón de los pre­cios a costa del fre­nazo de la eco­no­mía, la si­tua­ción pa­rece in­cluso más de­li­cada al otro lado del Atlántico. Una even­tual subida de los tipos de in­terés su­pon­dría un grave per­juicio en la fi­nan­cia­ción de los dé­ficit de países como España, Italia, Portugal o Grecia.

El objetivo de la política monetaria europea es garantizar un techo de la inflación del 2% a medio plazo. Sin embargo, el crecimiento de los precios en la zona euro se encaramó al 5% al cierre del año pasado y las expectativas hablan de ligeras subidas. Por si fuera poco, el pasado año los precios de producción industrial se dispararon hasta el 26,2% en la eurozona.

El BCE tiene la intención de retirar de forma muy progresiva sus estímulos monetarios. Ha decidido mantener un ritmo de compra de activos de 40.000 millones al mes durante el segundo trimestre de este año, para bajarlo a 30.000 millones/mes en el tercer trimestre y a 20.000 millones a partir de octubre durante el tiempo que sea necesario.

La autoridad monetaria europea ha situado su balance en los 8,63 billones de euros. La crisis sanitaria del coronavirus le ha llevado a incrementar el dinero en circulación en cuatro billones de euros en sólo dos años. Este exceso de dinero es una de las explicaciones del surgimiento del fantasma de la elevada inflación.

La situación del BCE, en cualquier caso, resulta complicada, porque la política de dinero barato casi ha eliminado la prima de riesgo por invertir en bonos emitidos por los países más flexibles a la hora del gasto y el endeudamiento. Es decir, los países que más incrementan su déficit y su deuda.

“Antes de 2008, en los primeros años del euro, prácticamente no había diferencia entre las rentabilidades. Sin embargo, después de 2008, hubo una percepción general de mayor riesgo de los bonos emitidos por países con mayor deuda, como Grecia, Italia, Portugal, España e Irlanda. Por lo tanto, a medida que estos gobiernos siguieron aumentando el gasto, los rendimientos de sus bonos comenzaron a aumentar”, señala André Marques a través del Instituto Mises, que promueve el método económico y la teoría social de la escuela austriaca de economía​ y la economía política libertaria.

Según los datos de 2020, último año completo del que se tienen cifras comparables, el déficit de Italia alcanzó los 158.441 millones de euros, el de España se situó en los 122.900 millones, el de Portugal fue de 11.684 millones, el de Grecia, 16.674 y el de Irlanda, 18.417 millones.

Escaso margen

Cuando en 2015 el BCE comenzó su programa de compra de activos, los diferenciales o primas de riesgo comenzaron a reducirse. El Banco Central Europeo ha mantenido los tipos de interés muy bajos de forma artificial y ahora apenas cuenta con recorrido para realizar el movimiento inverso.

“Países como Portugal, España, Italia y Grecia, que tienen una deuda más alta y gobiernos más derrochadores, son muy dependientes de esta política monetaria. Y no hay incentivos para que estos gobiernos reduzcan su gasto y su endeudamiento lo suficiente como para que el interés de sus bonos caiga sin la intervención del BCE”, señala Marques. En el mejor de los casos, los gobiernos reducirán su deuda muy gradualmente, como lo hizo Portugal de 2016 a 2019 y en 2021, después de un aumento significativo en 2020.

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