El pre­si­dente de México lo­gró, en cam­bio, sacar ade­lante su pro­yecto para ‘nacionalizar’ el litio

En México también se celebra el rechazo a la reforma eléctrica de López Obrador

Iberdrola y Naturgy, las más be­ne­fi­ciadas por la ne­ga­tiva del Congreso me­xi­cano a li­mitar la pre­sencia ex­tran­jera

López Obrador, pte de México.
López Obrador, pte de México.

Alivio en las eléc­tricas es­pañolas con ne­go­cios en México, Iberdrola y Naturgy fun­da­men­tal­mente, des­pués de que el Congreso tum­bara la po­lé­mica re­forma eléc­trica de López Obrador, que li­mi­taba la pre­sencia pri­vada en el sector y que era una de las grandes apuestas del man­da­ta­rio. Y alivio tam­bién entre el em­pre­sa­riado me­xi­cano y en EEUU, que ha­bían ex­pre­sado “inquietud” por la nor­ma­tiva. AMLO, que acusó de “traición” a la opo­si­ción, se re­sarció el lunes de esta de­rrota al lo­grar la apro­ba­ción de su ‘plan B’: la ‘nacionalización’ del li­tio.

Para la oposición, la reforma hubiera llevado a un aumento de la emisión de gases contaminantes y a un encarecimiento de la electricidad (del 17% en los hogares y el 150% en empresas según la patronal), además de constituir un atentado contra la libre competencia y un incumplimiento de los tratados internacionales contraídos por México en materia económica y ambiental.

Los empresarios mexicanos han acogido con satisfacción la derrota de un plan que juzgaban contrario a la economía familiar, el medio ambiente y la libre competencia. El CCE destacó que la decisión sirve para que México disponga “de energía suficiente, barata y limpia para combatir el cambio climático e impulsar el crecimiento”.
Diversas fuentes habían indicado que la norma era una traba para la actividad renovable y aplazaba 4.000 millones anuales en inversión.La Cámara de Diputados rechazó la reforma tras una sesión maratoniana de 12 horas en la que el partido de AMLO, Morena, y sus aliados no lograron los dos tercios de los votos necesarios para su aprobación, para lo que hubiera tenido que contar con buen número de voto opositor.

Con 275 votos a favor y 223 en contra, los diputados de la coalición Va por México lograron que la pretensión de reformar la Constitución en materia de energía fuera rechazada. La reforma de AMLO buscaba modificar los artículos 25, 27 y 28 de la Carta Magna para derogar la reforma energética ‘liberal’ de 2013 de Peña Nieto.

La reforma pretendía fijar que al menos el 54% de la energía fuera gestionada por la pública Comisión Federal de Electricidad, en lugar del 38% actual, que deja en manos privadas y extranjeros el 62% del control energético. Este intento de mayor control estatal en detrimento de la participación privada y las energías limpias había creado incertidumbre y malestar en las empresas presentes en México, particularmente Iberdrola, principal generadora eléctrica privada y cuarto generador privado de renovable del país.

Iberdrola, la máscastigada

Iberdrola, centro de la ira del presidente, que llegó a acusar a las energéticas españolas de “saqueo” tras criticar antes a Repsol y OHL por haber hecho “negocios jugosos” con Gobiernos previos, anunció el año pasado que descartaba más inversiones en México hasta que se aclarara el marco regulatorio. Iberdrola y Naturgy habían entablado ya litigios contra la norma.

Contra la libre competencia

Pero no solo las empresas de energía tradicional y renovable, con las españolas a la cabeza, se habían posicionado en contra. EEUU venía presionando contra la aprobación de una norma que podría dañar la inversión de sus empresas y juzgaba contraria a los compromisos ambientales del T-MEC. Y Canadá también había expresado su preocupación por la eventual aprobación de la reforma.

AMLO, que durante el fin de semana barruntaba que su reforma iba a ser tumbada, se despachó a gusto contra lo que tildó de “traición a México” de unos diputados opositores que “en vez de defender lo público, defendieron a empresas extranjeras que se dedican a medrar, a robar” para, acto seguido, negar que el rechazo a la reforma constituya un traspié para su Gobierno. El presidente ya había anticipado que estaba “preparado y blindado” con un ‘plan B’.

Y, tras afirmar que el aspirante de Morena al próximo sexenio recogerá de nuevo la reforma en su programa, contraatacó el lunes con otro plan: su propuesta para nacionalizar el litio, que incluye crear una empresa estatal para gestionar su extracción, procesamiento y comercialización. Y que sí fue aprobada por la Cámara de Diputados. La idea de AMLO era convertir oficialmente el litio en ‘mineral estratégico en el desarrollo industrial y tecnológico’, iniciativa que piden las empresas privadas, pero fijando que sólo pueda ser explotado por el Estado.

La propuesta de debatir y aprobar las modificaciones a la Ley minera que reservan al Estado la explotación y prohíben otorgar concesiones a firmas privadas sobre un mineral clave para fabricar baterías eléctricas y cuyo precio no deja de crecer, fue aprobada de forma urgente por la Cámara con 277 votos a favor, 24 en contra y 187 abstenciones. La sanción final de esta norma, que rechazan los empresarios del sector, depende aún del ‘sí’ del Senado.

Pese a las repetidas salidas de tono contra España de López Obrador desde el inicio de mandato; sus ataques a empresas españolas, a las que ha acusado de ‘saquear’; su intento de sacar adelante una reforma eléctrica que dañaba a las renovables y su última y polémica ocurrencia de “pausar” la relación bilateral, España se re¬forzó en el año pasado como se¬gundo in¬versor fo¬rá¬neo. Y según el ‘Panorama de Inversión Española en Iberoamérica’, es el país donde más prevén crecer las compañías españolas en 2022.

En México operan casi 7.000 firmas españolas en todos los rubros, con un stock acumulado de IED próximo a 70.000 millones desde 1999. Muy activas se muestran BBVA-Bancomer (la mayor institución financiera del país), Iberdrola, FCC, Acciona, Santander, Telefónica, Naturgy, ACS, Sacyr, OHLA, Meliá, NH, Inditex, Repsol, Iberia, Siemens-Gamesa, Agbar, Barceló, Indra, Ríu, Gestamp, Caixa-Inbursa, Mapfre y Grifols. Y un número cada vez mayor de pymes. La inversión española genera más de un millón de empleos en el país.

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