Los ges­tores des­cuentan un se­gundo tri­mestre mucho más duro y rehacen sus car­teras

Los datos empresariales del trimestre superan lo previsto pero los inversores exigen más

El grueso de los grandes va­lores del Ibex 35 bate pre­vi­siones en un es­ce­nario frágil

Merlin
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El tramo final de la tem­po­rada de re­sul­tados del primer tri­mestre del año ha sido de nota alta. Telefónica ha su­pe­rado las me­jores pre­vi­siones con unos be­ne­fi­cios de 706 mi­llones de euros y me­jora de los in­gresos en todos los mer­ca­dos, Acciona batió nuevo ré­cord en su car­tera de in­fra­es­truc­turas hasta cerca de 20.000 mi­llones de eu­ros, ACS me­joró el be­ne­ficio neto casi un 60% con una fuerte re­cu­pe­ra­ción del trá­fico de au­to­pistas y Merlin Properties sor­prendió al mer­cado con unas cuentas mejor de lo es­pe­rado.

La buena acogida a los grandes números de estos pesos pesados permitió al Ibex 35 cerrar la semana con una subida mínima del 0,19%, pobre pero al menos suficiente para romper una terrible serie de cuatro semanas a la baja. De momento ni siquiera una buena temporada de resultados que la banca española arrancó con buenos presagios -todos los bancos del Ibex 35 superaron las previsiones de los analistas- ha conseguido cambiar el signo del mercado. Hay más miedo que motivos para tomar posiciones en una bolsa cogida con alfileres.

Pero la discreta respuesta a los resultados del primer trimestre no es cosa de la bolsa española. En Estados Unidos, el gran termómetro de los mercados bolsas mundiales, la caída se ha agrandado otro 10% en el S&P 500 desde que empezó la temporada de resultados. Y eso que todo apunta a que la temporada se saldará con un crecimiento del beneficio por acción de doble dígito en la comparación interanual. Pero, claro está, duele y pesa más, mucho más, el calendario de subidas de los tipos de interés de la Reserva Federal.

El giro del precio del dinero está dejando en muy poco lo que debiera ser una briosa respuesta a unos resultados sencillamente estupendos sobre el papel. A saber: más del 80% de las compañías del S&P 500 han superado las previsiones de los analistas. Y en Europa, alrededor de dos terceras partes de las empresas del Stoxx 600 han sorprendido positivamente con sus cuentas. Muy pocos habrían apostado por unos resultados tan estupendos con la que está cayendo a uno y otro lado del Atlántico.

“Queda claro que las empresas están gestionando esta crisis con una gran mano izquierda. Han peleado contra una insoportable subida de las materias primas, las quiebras continuas de las cadenas de suministro y una invasión en Ucrania. Casi nada de todo esto ha impactado con fuerza en los resultados, teniendo en consideración también que la guerra empezó a finales de febrero y que no fue hasta varias semanas después cuando se empezó a descontar que sería un conflicto duro y largo”, señalan fuentes de mercado.

El problema reside en que el mercado está descontando que las cosas no rodarán tan bien en el segundo trimestre, con la inflación disparada y con las economías mundiales -este martes se conocerá el PIB de la zona euro- en pleno proceso de ralentización. Las bolsas están cotizando con fuerza un escenario muy complejo a medio plazo: la caída del Nasdaq se va ya al 25% en lo que va de año, mientras que el Stoxx 600 cede un 11%. En ninguno de los grandes mercados se advierten signos de reactivación a pesar de que la temporada de resultados está a punto de terminar sin contratiempos.

De momento, y a la espera de algún aviso alcista -la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ha bajado ligeramente del nivel del 3% y eso es un ligero alivio-, los inversores están siendo muy exigentes a la hora de apostar por la renta variable. No es ya que haya de nuevo competencia en el segmento de la renta fija o en el de las criptomonedas tras su semana más negra; también influye que el mercado quiere asegurarse que la buena salud del grueso de las empresas cotizadas se puede mantener.

Es decir, de si los grandes conglomerados cotizados serán capaces de mantener las buenas sensaciones en un segundo trimestre mucho más complejo que el primero de 2022. Si es así, el dinero podría empezar a volver a las bolsas de forma en cualquier caso selectiva. De momento, toca seguir reajustando las carteras a la nueva realidad y a las dudas que genera Estados Unidos subiendo tipos y quién sabe si ahogando el proceso de recuperación económica. Incógnitas que tardarán algún tiempo en empezar a resolverse.

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