Casi 350 mi­llones de per­sonas se han si­tuado en el um­bral de la ham­bruna

La crisis alimentaria será más grave que la energética

Covid, rup­tura de las ca­denas de su­mi­nistro y la guerra en Ucrania, causas de esta nueva pan­demia

FAO, Naciones Unidas.
FAO, Naciones Unidas.

Mientras el mundo le sigue dando vueltas a la crisis ener­gé­tica y a si las me­didas de ahorro po­drían obligar a du­charse con agua fría en no­viem­bre, una au­tén­tica he­ca­tombe se abre ca­mino con paso si­len­cioso a través de los sen­deros del mer­cado. La crisis ali­men­taria es una realidad que va a agra­varse por el im­pacto del cre­ci­miento dis­pa­rado de los pre­cios de la ener­gía.

Las principales organizaciones mundiales llevan semanas alertando de la que se avecina, pero nadie parece hacerles caso. El Banco Mundial, la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) realizaron un llamamiento para que los países desarrollados adopten medidas ante la crisis alimentaria mundial, refuercen el Programa Mundial de Alimentos y contribuyan con la retirada de las trabas al comercio.

La pandemia del coronavirus, la ruptura de la cadena de suministro y la guerra en Ucrania, que han desembocado en fuertes desajustes en los mercados de alimentos, energía y fertilizantes. La consecuencia es el crecimiento de las personas en riesgo alimentario, que se sitúan en los 345 millones de personas en 82 países.

Países desarrollados

La situación energética resulta muy preocupante en Europa. Países como el Reino Unido, que cuenta con los yacimientos de petróleo Brent, se encuentran en una situación muy delicada. Según los expertos, una de cada tres familias deberá gastar cerca del 10% de su renta disponible para atender a la demanda energética. El país espera, además, que la inflación se sitúe en los niveles del 13% a finales del año.

Pero el coste de la energía resulta fundamental en la fabricación, transporte y elaboración de los alimentos finales y el fuerte crecimiento de los precios se va a trasladar de forma contundente a los precios de los alimentos. En España, se conoce este fenómeno como efectos de segunda ronda de la inflación: los precios suben y al mes siguiente se van incorporando a los precios de los alimentos el coste de una energía cada vez más cara.

La crisis del gasoducto Nord Stream ha supuesto un nuevo mazazo para la maltrecha situación de los mercados alimentarios, por la presión al alza que supone para los precios de la energía. Una situación que se verá agravada con las restricciones al consumo que se van a producir en el continente. La crisis energética va a tener un efecto demoledor sobre el tejido industrial. Incluido el de la fabricación de alimentos elaborados.

Los avisos en cuanto a una crisis alimentaria se han producido a lo largo de los últimos años, pero no se les ha hecho caso. “Las señales de advertencia han estado presentes desde mucho antes de la invasión rusa, y pueden atribuirse en gran medida a la crisis climática. En 2011, por ejemplo, la región del mar Negro sufrió una grave sequía que provocó un aumento del precio de los alimentos, especialmente del trigo”, señala Business Insider.

Este es uno de los momentos en que se cumple a rajatabla la teoría económica sobre los bienes de primera necesidad. Puedes prescindir de ir al cine todas las semanas si se produce una subida del precio de las entradas, o no utilizar el coche si sube la gasolina, pero lo que no se puede es dejar de comer.

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